Con los amigos Paco Xammar, Santiago Castellà y Joan Fuster hemos conseguido durante este último curso académico diseñar un estudio especializado en la actualidad latinoamericana que se ha impartido y seguirá impartiéndose de nuevo el año que viene en la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona.
Bajo el título de “Visiones Actuales sobre América Latina” nos han acompañado los profesores Rodolfo Cardenal, de El Salvador; Carlos Alberto Ruíz, de Colombia; y Carlos Pacheco, de México. Hemos discutido con ellos sobre la historia reciente del continente, las alternativas políticas y los movimientos sociales que hoy día allá se están construyendo, la situación de sus derechos humanos y de su economía presionada por la oferta estadounidense del Plan Puebla Panamá y del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Hoy mismo hemos pactado ampliar los contenidos del mismo curso para continuar indagando y dar a conocer a nuestros alumnos la dependencia suramericana de su gran vecino del Norte, a la vez que pretendemos investigar los procesos de recuperación de la memoria histórica en Centroamérica tras los procesos revolucionarios y contrarrevolucionarios allá ocurridos.
Por lo que a mí respecta todo ello hace preguntarme por el estado actual genérico de ese continente amado de gentes hermanas y conocidas. La verdad es que hablamos de una parcela del planeta en la cual se vive, quizás mejor que en cualquier otro rincón, la perplejidad y la paradoja de la sociedad internacional actual.
América Latina es aún, en cierta forma, punta de lanza y laboratorio de cualquier fuerza en movimiento a favor de la construcción de nuevos escenarios. Recuerdo que entre las primeras banderas que se mostraban en Seattle, cuando la protesta contra la Ronda del Milenio de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la mayor parte de ellas eran latinoamericanas y se correspondían con Vía Campesina; el Movimiento de los Sin Tierra (MST), la CUT i el PT de Brasil; los indigenistas de la CONAIE en Ecuador pero también los cocaleros de Bolivia; el EZLN, por cierto con mucha fuerza entonces, de México, etc.
Hoy día, como en casi todo el resto del mundo, sólo existen dos opciones políticas válidas que se quejen del orden establecido, neoliberal, injusto e inmoral para gran parte de sus habitantes: o bien se elige ser radical y se cambian las normas del juego promoviendo el sabotaje desde dentro, o bien se elige ser moderado, socialdemócrata o progresista. Hablemos claro: Chávez (y Morales, y Correa), o Lula (y Bachelet, y Tabaré Vázquez).
Algunos creen que la Revolución en nuestros días sólo tiene espacio en sitios como América Latina, aunque hablando con amigos que viven y piensan como latinoamericanos esa doble opción se hace más grave entre la elección de los designios de unos populismos mesiánicos que pueden volverse muy peligrosos, o maneras light de pactar pequeños cambios que no llegan a la totalidad de los intereses marcados. Nada es tan fácil ni tan difícil, ni en España ni en Venezuela.
Así está entonces América Latina, y así está el mundo, desde su esquina más rica en donde también pueda existir la miseria más perversa, aunque se esconda muchas veces (y la inmoralidad del trato del fenómeno migratorio), hasta el África más abandonada, en dónde aparecen buitres blancos dispuestos a repartirse los últimos resquicios de algo que tenga valor.
Mis visiones actuales de América Latina me han ayudado a comprender que en un mundo globalizado el cambio debe generarse con sinergias y excusas universales. Nosotros desde la Academia intentamos explicarlo, a parte de informar.
(Enero de 2005)
DIARI ÍNTIM PERÒ PÚBLIC. En aquest blog vull parlar sobre les coses que observo i em preocupen, perquè les estimo: el temps que són els dies que passen i cal aprofitar; les persones que es creuen amb mi; i, finalment, els països, pobles, indrets, racons... que descobreixo poc a poc. Nascut el 1976, soc Professor de Ciencia Política a la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona. Tambe soc Regidor i Portaveu del Nou Moviment Ciutada (NMC) a l'Ajuntament de Cambrils.
lunes, 24 de noviembre de 2008
domingo, 23 de noviembre de 2008
ESBOZO DE MANIFIESTO POR UNA NUEVA IZQUIERDA MUNDIAL
“No hay democracia sin socialismo, pero no puedo haber socialismo sin democracia”
“El socialismo será libre o no será” (Rosa Luxemburgo)
La izquierda política mundial no puede olvidar, más bien tiene la obligación de reivindicar, la tradición revolucionaria y progresista que ha representado a lo largo de la historia de la humanidad. El patrimonio político universal a la izquierda no tiene que arrepentirse de haber sido el causante del cambio permanente en nuestras sociedades modernas, de ahí que tampoco deba sucumbir ante la autocomplacencia y quede obligado, por consiguiente, a resituar su discurso al mismo ritmo que coincida con las necesidades de nuestro tiempo.
En este tiempo que nos ha tocado vivir, la era de la globalización, la vuelta al federalismo deberá ser el gran abanderado de las luchas de la izquierda política en la cual militamos. Frente a la nueva derecha ultraconservadora, excesivamente patriótica y religiosa, y la otra derecha, que se define como de centro, realmente de inspiración neoliberal, la defensa del federalismo estará completamente legitimada para resolver el conflicto cada vez más agudo de las relaciones entre individuos, colectivos de diferente índole y naciones.
La izquierda en cada país deberá representar una postura pragmática que se desdoble en dos sentidos. Primero deberá ser HACIA DENTRO, con el objetivo de aplicarse a los trascendentales problemas referidos al mantenimiento del Estado de Bienestar y sus prestaciones en los ámbitos de la salud, la educación o la ocupación, sólo por citar algunos ejemplos. Inmediatamente después de producirse este posicionamiento interno, deberá facilitarse un movimiento decisivo HACIA FUERA, postulando el concepto de solidaridad internacional. La meta deseable por la que debemos trabajar es una sola izquierda hacia dentro y hacia fuera, que se coordine y que procure el máximo nivel de satisfacción relativa para toda la humanidad.
Realmente no queda ninguna otra alternativa, ni por las circunstancias actuales, ni por el balance de fuerzas negativo en que vivimos. Hemos dormido una larga siesta, tras la experiencia comunista y las independencias poscoloniales. Han ocurrido muchas cosas mientrastanto: existen nuevos poderes fácticos que gestionan, ordenan, mandan, atacan, influyen, escriben teorías, crean paradigmas, reparten limosnas, sacan beneficios y se reparten los mismos. En nuestro lado sigue haciendo falta el dibujo de una nueva estrategia emancipadora.
Frente a la imparable globalización económica y cultural que han defendido a ultranza las fuerzas a la derecha, nuestra reacción tardía no debe más que concentrarse en la petición de un mismo rasero para la extensión universal de la democracia, la justicia y los derechos humanos. Debemos ser conscientes y reivindicar el resurgimiento de un nuevo internacionalismo que justifica nuestras batallas, desde dentro hacia fuera, aunque también integrando desde fuera hacia dentro. Los conflictos que nos inundan en la actualidad dependen, sin duda, de gestionar el bien colectivo a escala planetaria. Otra vez podemos alzar la voz como ciudadanos del mundo que somos y reclamar la unión de toda la energía transformadora en aras de construir una agenda mundial a favor de los cambios que consideremos oportunos. La batalla en una esquina del planeta debe ser considerada como una opción más para influir sobre el resultado final de la guerra real que se produce en el mundo único en que vivimos.
Por todo lo dicho, todos los ciudadanos del mundo, o sea todos los seres humanos que habitan el planeta Tierra, estamos obligados a llegar inevitablemente a un pacto federal en lo político y en lo humano, que también es lo mismo. Ese pacto nos deberá permitir defender nuestra identidad más cercana, al mismo tiempo que nos hará respetar la diferencia. Acoger a los movimientos migratorios que se producen en todas las direcciones; entender la multiculturalidad y la diversidad de valores con que convivimos; proteger el medio ambiente que habitamos; desmilitarizar y desnuclearizar; difundir el pacifismo; respetar a las minorías; situar a los más débiles, pobres y excluídos de nuevo en el primer lugar de preferencias; satisfacer la demanda de hacer efectiva la igualdad de oportunidades, sobre todo en la diferencia de género; son cuestiones que nos llevan a construir paulatinamente “un mundo en el que quepan muchos mundos”.
(JUNIO DEL 2003)
“El socialismo será libre o no será” (Rosa Luxemburgo)
La izquierda política mundial no puede olvidar, más bien tiene la obligación de reivindicar, la tradición revolucionaria y progresista que ha representado a lo largo de la historia de la humanidad. El patrimonio político universal a la izquierda no tiene que arrepentirse de haber sido el causante del cambio permanente en nuestras sociedades modernas, de ahí que tampoco deba sucumbir ante la autocomplacencia y quede obligado, por consiguiente, a resituar su discurso al mismo ritmo que coincida con las necesidades de nuestro tiempo.
En este tiempo que nos ha tocado vivir, la era de la globalización, la vuelta al federalismo deberá ser el gran abanderado de las luchas de la izquierda política en la cual militamos. Frente a la nueva derecha ultraconservadora, excesivamente patriótica y religiosa, y la otra derecha, que se define como de centro, realmente de inspiración neoliberal, la defensa del federalismo estará completamente legitimada para resolver el conflicto cada vez más agudo de las relaciones entre individuos, colectivos de diferente índole y naciones.
La izquierda en cada país deberá representar una postura pragmática que se desdoble en dos sentidos. Primero deberá ser HACIA DENTRO, con el objetivo de aplicarse a los trascendentales problemas referidos al mantenimiento del Estado de Bienestar y sus prestaciones en los ámbitos de la salud, la educación o la ocupación, sólo por citar algunos ejemplos. Inmediatamente después de producirse este posicionamiento interno, deberá facilitarse un movimiento decisivo HACIA FUERA, postulando el concepto de solidaridad internacional. La meta deseable por la que debemos trabajar es una sola izquierda hacia dentro y hacia fuera, que se coordine y que procure el máximo nivel de satisfacción relativa para toda la humanidad.
Realmente no queda ninguna otra alternativa, ni por las circunstancias actuales, ni por el balance de fuerzas negativo en que vivimos. Hemos dormido una larga siesta, tras la experiencia comunista y las independencias poscoloniales. Han ocurrido muchas cosas mientrastanto: existen nuevos poderes fácticos que gestionan, ordenan, mandan, atacan, influyen, escriben teorías, crean paradigmas, reparten limosnas, sacan beneficios y se reparten los mismos. En nuestro lado sigue haciendo falta el dibujo de una nueva estrategia emancipadora.
Frente a la imparable globalización económica y cultural que han defendido a ultranza las fuerzas a la derecha, nuestra reacción tardía no debe más que concentrarse en la petición de un mismo rasero para la extensión universal de la democracia, la justicia y los derechos humanos. Debemos ser conscientes y reivindicar el resurgimiento de un nuevo internacionalismo que justifica nuestras batallas, desde dentro hacia fuera, aunque también integrando desde fuera hacia dentro. Los conflictos que nos inundan en la actualidad dependen, sin duda, de gestionar el bien colectivo a escala planetaria. Otra vez podemos alzar la voz como ciudadanos del mundo que somos y reclamar la unión de toda la energía transformadora en aras de construir una agenda mundial a favor de los cambios que consideremos oportunos. La batalla en una esquina del planeta debe ser considerada como una opción más para influir sobre el resultado final de la guerra real que se produce en el mundo único en que vivimos.
Por todo lo dicho, todos los ciudadanos del mundo, o sea todos los seres humanos que habitan el planeta Tierra, estamos obligados a llegar inevitablemente a un pacto federal en lo político y en lo humano, que también es lo mismo. Ese pacto nos deberá permitir defender nuestra identidad más cercana, al mismo tiempo que nos hará respetar la diferencia. Acoger a los movimientos migratorios que se producen en todas las direcciones; entender la multiculturalidad y la diversidad de valores con que convivimos; proteger el medio ambiente que habitamos; desmilitarizar y desnuclearizar; difundir el pacifismo; respetar a las minorías; situar a los más débiles, pobres y excluídos de nuevo en el primer lugar de preferencias; satisfacer la demanda de hacer efectiva la igualdad de oportunidades, sobre todo en la diferencia de género; son cuestiones que nos llevan a construir paulatinamente “un mundo en el que quepan muchos mundos”.
(JUNIO DEL 2003)
martes, 18 de noviembre de 2008
NICARAGUA: EL PAIS QUE PERDIÓ SU REVOLUCIÓN
Después de casi diez años, desde mi primera estancia en la tierra de los hijos del maíz, volví de nuevo ahora como profesor, a buscar los mismos sitios y a encontrar a las mismas personas. Tengo fotos de entonces, en la Universidad Centroamericana (UCA) que me ha alojado recientemente, junto al grupo de becados amigos que salían de la Escuela “Los Quinchos” del barrio de San Judas, a los que apoyábamos bajo el caparazón de la ONG Setem; éramos evidentemente mucho más jóvenes, gozábamos de una fuerza contagiosa, y levantábamos el puño a lo comunista en un gesto que sólo seguía significando anhelos de rebeldía y sentimientos profundamente solidarios. Recuerdo como volví por segunda vez y aprendí la lección que se desprende de reencontrar la pobreza conocida y comprobar como no tiene solución aparente; más bien algunas situaciones concretas sólo hacen que empeorar con el paso del tiempo (y ello no sólo ocurre en el país de Rubén Darío; se repite en muchos lugares del llamado Tercer Mundo).
En esta última ocasión he querido repetir con Luis Enrique Mejía Godoy cantando básicamente para nostálgicos y extranjeros en su local “Ay, Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer”. Todo sigue más o menos igual, a excepción de Juanita que ya anda por el segundo bebé, abandonada por el papá; muchos antiguos compadres que han sido despedidos y malviven en improvisados habitáculos; Lupita y su familia que han emigrado a Costa Rica debido a la escasez de recursos; la escuelita ya no cuenta con suficiente apoyo internacional; siguen habiendo más niños y niñas en la calle, prostitución, violencia.... Lo curioso es observar las cosas y los matices del mismo sitio desde diferente posición; pese a todo, pueden cambiarle a uno el medio de transporte (gran Chevrolet de vidrio opacos y ruedas gigantes), el traje, llenarle el bolsillo de monedas y billetes, invitarle a dormir en el mejor hotel de la ciudad… aunque se seguirá necesitando una venda muy grande que tape nuestros ojos para no percibir ese incremento mencionado de la pobreza y de la inseguridad en las calles de Managua.
José Coronel Urtecho decía que “ni siguiera lo que era, es ya como era”, y lo proclamaba hace ya mucho tiempo refiriéndose al mismo país que nos ocupa. El sandinismo supuso una victoria ante la dictadura somocista; después de su gobierno se instaló en este pequeño rincón centroamericano el poder neoliberal dirigido por Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, respectivamente. El sandinismo fue el pueblo para el pueblo, comprometido, llevando educación y sanidad a las aldeas, incluso aportando las primeras elecciones realmente democráticas al lugar, hasta que sus líderes políticos se emborracharon de poder y empezaron a desplomarse por el precipicio de la corrupción y el gusto por lo que debería sobrar.
Desde el punto de vista de Fidel Castro: “Los que en la historia han tratado de sobrevivir haciendo concesiones, nunca han sobrevivido; el único camino para la supervivencia de los procesos revolucionarios es la resistencia”. El sandinismo no pudo con la guerra de baja intensidad de la Central de Inteligencia Americana (CIA) y del Pentágono, y el pueblo nica dejó claro que no quería sacrificarse en vano cuando la línea había empezado a torcerse. Hoy día parece ser que Hugo Chávez, Evo Morales y quizás Ullanta Humala quieran seguir las tesis de Castro. También, quién sabe, puede volver el Sr. Ortega a ser otra vez presidente de nuestra Nicaragua, y habrá mucho que hablar y dará mucho que discutir sobre la remilitarización en Latinoamérica, entre otras cosas. ¿Será Ortega algo mejor que sus tres antecesores? ¿Habrá aprendido Ortega la lección sobre cuando condujo los primeros pasos de la revolución de 1979? Alán García dice haber aprendido algo del pasado y le han vuelto a votar muchos peruanos; a lo mejor su oponente actual, Ullanta, resulta ser él mismo reflejado en el pasado..
Cómo en Venezuela, en Bolivia, Perú o Ecuador, por citar algunos países en el ojo del huracán, Nicaragua afrontará próximamente la posibilidad de reelegir a un gobierno radical en su ideología de defensa de los intereses de los más necesitados (al menos en la teoría). Podríamos regalarnos un suspiro más para analizar si el programa y el equipo socialista que tiene oportunidad de ganar es sincero y honesto con sus orígenes, o pasará a convertirse en la penúltima fase de la quiebra paulatina de la única alternativa posible al discurso único: ¿nos encontramos ante pequeños espejismos pasajeros o existe de verdad una nueva fuerza motriz emancipadora? La historia americana, en definitiva, es un Guadiana de enfrentamientos entre los que defienden unos privilegios específicos y los que se proclaman salvadores de la patria, que son a los que acuden “todos los muchos poco afortunados”, mejor o peor maquillados. Los votantes, en cualquier caso, tienen el derecho a equivocarse y a sobrevivir épocas de estilo diferente a cada tiempo. Al fin y al cabo se sabe que nada puede durar eternamente; ¡ni Fidel Castro!; y, en el caso de Cuba, lo que venga, pues, seguramente será peor para la inmensa mayoría popular de que hablamos.
(Mayo 2006)
En esta última ocasión he querido repetir con Luis Enrique Mejía Godoy cantando básicamente para nostálgicos y extranjeros en su local “Ay, Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer”. Todo sigue más o menos igual, a excepción de Juanita que ya anda por el segundo bebé, abandonada por el papá; muchos antiguos compadres que han sido despedidos y malviven en improvisados habitáculos; Lupita y su familia que han emigrado a Costa Rica debido a la escasez de recursos; la escuelita ya no cuenta con suficiente apoyo internacional; siguen habiendo más niños y niñas en la calle, prostitución, violencia.... Lo curioso es observar las cosas y los matices del mismo sitio desde diferente posición; pese a todo, pueden cambiarle a uno el medio de transporte (gran Chevrolet de vidrio opacos y ruedas gigantes), el traje, llenarle el bolsillo de monedas y billetes, invitarle a dormir en el mejor hotel de la ciudad… aunque se seguirá necesitando una venda muy grande que tape nuestros ojos para no percibir ese incremento mencionado de la pobreza y de la inseguridad en las calles de Managua.
José Coronel Urtecho decía que “ni siguiera lo que era, es ya como era”, y lo proclamaba hace ya mucho tiempo refiriéndose al mismo país que nos ocupa. El sandinismo supuso una victoria ante la dictadura somocista; después de su gobierno se instaló en este pequeño rincón centroamericano el poder neoliberal dirigido por Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, respectivamente. El sandinismo fue el pueblo para el pueblo, comprometido, llevando educación y sanidad a las aldeas, incluso aportando las primeras elecciones realmente democráticas al lugar, hasta que sus líderes políticos se emborracharon de poder y empezaron a desplomarse por el precipicio de la corrupción y el gusto por lo que debería sobrar.
Desde el punto de vista de Fidel Castro: “Los que en la historia han tratado de sobrevivir haciendo concesiones, nunca han sobrevivido; el único camino para la supervivencia de los procesos revolucionarios es la resistencia”. El sandinismo no pudo con la guerra de baja intensidad de la Central de Inteligencia Americana (CIA) y del Pentágono, y el pueblo nica dejó claro que no quería sacrificarse en vano cuando la línea había empezado a torcerse. Hoy día parece ser que Hugo Chávez, Evo Morales y quizás Ullanta Humala quieran seguir las tesis de Castro. También, quién sabe, puede volver el Sr. Ortega a ser otra vez presidente de nuestra Nicaragua, y habrá mucho que hablar y dará mucho que discutir sobre la remilitarización en Latinoamérica, entre otras cosas. ¿Será Ortega algo mejor que sus tres antecesores? ¿Habrá aprendido Ortega la lección sobre cuando condujo los primeros pasos de la revolución de 1979? Alán García dice haber aprendido algo del pasado y le han vuelto a votar muchos peruanos; a lo mejor su oponente actual, Ullanta, resulta ser él mismo reflejado en el pasado..
Cómo en Venezuela, en Bolivia, Perú o Ecuador, por citar algunos países en el ojo del huracán, Nicaragua afrontará próximamente la posibilidad de reelegir a un gobierno radical en su ideología de defensa de los intereses de los más necesitados (al menos en la teoría). Podríamos regalarnos un suspiro más para analizar si el programa y el equipo socialista que tiene oportunidad de ganar es sincero y honesto con sus orígenes, o pasará a convertirse en la penúltima fase de la quiebra paulatina de la única alternativa posible al discurso único: ¿nos encontramos ante pequeños espejismos pasajeros o existe de verdad una nueva fuerza motriz emancipadora? La historia americana, en definitiva, es un Guadiana de enfrentamientos entre los que defienden unos privilegios específicos y los que se proclaman salvadores de la patria, que son a los que acuden “todos los muchos poco afortunados”, mejor o peor maquillados. Los votantes, en cualquier caso, tienen el derecho a equivocarse y a sobrevivir épocas de estilo diferente a cada tiempo. Al fin y al cabo se sabe que nada puede durar eternamente; ¡ni Fidel Castro!; y, en el caso de Cuba, lo que venga, pues, seguramente será peor para la inmensa mayoría popular de que hablamos.
(Mayo 2006)
sábado, 15 de noviembre de 2008
RESOLUCIÓ DE CONFLICTES GLOBALS AVUI
El món en el que vivim pertany a l’era de la globalització (1). Aquesta globalització que és imparable (es pot ser altermundista però no antiglobalització; aquesta darrera qualificació resultaria més aviat un menyspreu) comença amb els esdeveniments derivats de la caiguda del Mur de Berlín el 1989, la desintegració de la URSS, les guerres de Iugoslàvia i la primera Guerra a l’Irak de 1991, quan l’exèrcit nord-americà intervé i ataca Saddam Hussein després de la seva invasió del Kuwait. Aquest és el nostre referent històric i geopolític actual. Es mou l’eix Est-Oest que havia impregnat el període la Guerra Freda cap a un empitjorament de les relacions entre el Nord ric i el Sud pobre. La gran contradicció de tot plegat és que mentre les fronteres cauen en tots els nivells, i sobretot pel que respecta a les mercaderies, a les persones cada vegada més se’ls hi posa tot tipus de traves en el cas de què hagin d’emigrar per necessitat econòmica (2).
A nivell ideològic aquesta lectura iniciada respon a la “derrota del comunisme”, com ho varen expressar i ha quedat en boca dels líders polítics internacionals, i al desplaçament de nous paradigmes per a les relacions internacionals a partir de la pauta marcada pel “think tank” dels Estats Units (3): per una banda tenim en Francis Fukujama, amb la seva proclama sobre “la fi de la història”, que conté un rerafons de victòria del discurs únic del capitalisme economicista, tecnològic i anglosaxó; i, d’una altra, la imposició d’un nou enemic que s’extrau del “xoc de civilitzacions” defensat per Samuel Huntington. Aquest nou enemic és el conglomerat divers i complex que representen els països musulmans ja que contenen una cosmovisió no coincident amb la del Imperi. No és en va que encara avui vivim atemoritzats per l’efecte de l’atemptat d’Al-Qaeda al Pentàgon i a les Torres Bessones dels Estats Units, així com la nova intervenció contra els talibans a l’Afganistan (4).
Més que mai els conflictes en l’espai públic són a la vegada locals i internacionals. La globalització ens fa coneixedors de tot allò que pot passar en qualsevol racó del món. No ho podem conèixer amb profunditat ni investigar-ne l’origen però la informació flueix gràcies als nous mitjans de comunicació i sobretot gràcies a l’internet, el world wide web (5).
Els nostres municipis més propers, Catalunya i Espanya, estan interconnectats per una lògica comuna que representa la Unió Europea (6), el nostre marc de referència. En aquest context europeu hi predomina encara l’opció per les polítiques keynessianes (7) que defensen l’Estat de Benestar promogut a la fi de la Segona Guerra Mundial, però en qualsevol moment poden tornar-se a posar en qüestió per una nova onada de governs de tradició conservadora.
Aquest Estat de Benestar europeu, això ho hem de saber, es troba en crisi i en procés de refundació (8) des de fa més de vint anys a la resta de països veïns i una década a nivell català i espanyol. Què hem de fer per optar per un mateix estil de polítiques sense tenir la sensació de què se’ns acaba el finançament o de què hi ha massa prioritats entre les quals definir-nos?.
Ja sigui en l’àmbit de l’Estat o del Municipi, les administracions públiques (9) europees s’han instal.lat com a principals mediadores entre els diferents conflictes que puguin patir les societats respectives. Aquestes administracions opten avui dia, en l’aposta renovada per defensar l’Estat de Benestar davant de l’atac neoliberal (10) que en prescindiria, per utilitzar l’eina fonamental de la participació ciutadana (11) amb l'objectiu de liderar unes polítiques més encertades de cara a les poblacions respectives.
El sistema de governabilitat (12) pel qual es vol optar pretén ser transparent i comunicatiu, a la vegada que exercita fórmules, que, com a mínim, s’esforcen en la seva pretensió sincera. Malgrat el dit, hem de reconèixer que fins ara només hem fet que experimentar, i que tota conclusió fora, en aquest moment, prematura.
La mateixa democràcia (13) que ningú posava en dubte fa uns anys com a millor dels sistemes polítics possibles, sí que, evidentment pot ser discutida avui dia, si cada vegada no intenta reinterpretar-se a sí mateixa d’una forma més directa i quotidiana; el passat és la tendència a la partitocràcia (14) que ens ho ordena tot, eleccions només cada quatre anys, polítics que s’allunyen del coneixement de les necessitats reals del poble, etc.; cal fer tot el possible per evitar l’adormiment de les masses en el sentit d´ Ortega y Gasset, Orwell, Wilhelm Reich o Herbert Marcuse.
És per tot això que cal analitzar la situació polièdrica de la nostra societat global des dels molts vessants per sobreviure-hi. Les temàtiques més concorregudes hauran de ser segurament: l’urbanisme; la salut comunitària, els pressupostos, la igualtat de gèneres, l’educació, la formació, el medi ambient, l’activitat cultural, la immigració (15), la lluita contra l’esquerda digital...
De forma multilateral, tenint en compte la diplomàcia ciutadana, és que ens podrem apropar a una situació global òptima.
(1) Manel Castells. Hobsbawm.
(2) Cau el Mur de Berlín i creix el de Ceuta i Melilla, el de Río Bravo, el d’Israel amb Palestina.
(3) Gore Vidal.
(4) Cómo nos venden la moto, de Noam Chomsky i James Petras.
(5) No hi ha premsa independent ni notícies neutres. Sí hi ha notícies crítiques i és per això que us recomano Le Monde Diplomatique.
(6) La Unió Europea a la vegada que pot resultar molt bona pels europeus pot resultar no ser-ho tant per la resta de països exteriors.
(7) John Maynard Keyness. John Kenneth Galbraith. Amartya Sen.
(8) Vicenç Navarro. Lesther Thurow. Robert Reich.
(9) Joan Subirats. Jordi Sánchez (Fundació Jaume Bofill).
(10) Hayek a nivell internacional i Sala-Martín a nivell local. Els “Chicago boys”.
(11) Joaquim Brugué. Ricard Gomà. Fernando Pindado.
(12) Institut Internacional de Governabilitat (www.iigov.org).
(13) Jordi Borja, en un recent article en feia una molt bona reflexió.
(14) Llei de Ferro dels Partits Polítics. “Desafecció ciutadana vers la política institucional del partits polítics.
(15) Samir Amin. Sami Nair. Willy Kimlycka.
A nivell ideològic aquesta lectura iniciada respon a la “derrota del comunisme”, com ho varen expressar i ha quedat en boca dels líders polítics internacionals, i al desplaçament de nous paradigmes per a les relacions internacionals a partir de la pauta marcada pel “think tank” dels Estats Units (3): per una banda tenim en Francis Fukujama, amb la seva proclama sobre “la fi de la història”, que conté un rerafons de victòria del discurs únic del capitalisme economicista, tecnològic i anglosaxó; i, d’una altra, la imposició d’un nou enemic que s’extrau del “xoc de civilitzacions” defensat per Samuel Huntington. Aquest nou enemic és el conglomerat divers i complex que representen els països musulmans ja que contenen una cosmovisió no coincident amb la del Imperi. No és en va que encara avui vivim atemoritzats per l’efecte de l’atemptat d’Al-Qaeda al Pentàgon i a les Torres Bessones dels Estats Units, així com la nova intervenció contra els talibans a l’Afganistan (4).
Més que mai els conflictes en l’espai públic són a la vegada locals i internacionals. La globalització ens fa coneixedors de tot allò que pot passar en qualsevol racó del món. No ho podem conèixer amb profunditat ni investigar-ne l’origen però la informació flueix gràcies als nous mitjans de comunicació i sobretot gràcies a l’internet, el world wide web (5).
Els nostres municipis més propers, Catalunya i Espanya, estan interconnectats per una lògica comuna que representa la Unió Europea (6), el nostre marc de referència. En aquest context europeu hi predomina encara l’opció per les polítiques keynessianes (7) que defensen l’Estat de Benestar promogut a la fi de la Segona Guerra Mundial, però en qualsevol moment poden tornar-se a posar en qüestió per una nova onada de governs de tradició conservadora.
Aquest Estat de Benestar europeu, això ho hem de saber, es troba en crisi i en procés de refundació (8) des de fa més de vint anys a la resta de països veïns i una década a nivell català i espanyol. Què hem de fer per optar per un mateix estil de polítiques sense tenir la sensació de què se’ns acaba el finançament o de què hi ha massa prioritats entre les quals definir-nos?.
Ja sigui en l’àmbit de l’Estat o del Municipi, les administracions públiques (9) europees s’han instal.lat com a principals mediadores entre els diferents conflictes que puguin patir les societats respectives. Aquestes administracions opten avui dia, en l’aposta renovada per defensar l’Estat de Benestar davant de l’atac neoliberal (10) que en prescindiria, per utilitzar l’eina fonamental de la participació ciutadana (11) amb l'objectiu de liderar unes polítiques més encertades de cara a les poblacions respectives.
El sistema de governabilitat (12) pel qual es vol optar pretén ser transparent i comunicatiu, a la vegada que exercita fórmules, que, com a mínim, s’esforcen en la seva pretensió sincera. Malgrat el dit, hem de reconèixer que fins ara només hem fet que experimentar, i que tota conclusió fora, en aquest moment, prematura.
La mateixa democràcia (13) que ningú posava en dubte fa uns anys com a millor dels sistemes polítics possibles, sí que, evidentment pot ser discutida avui dia, si cada vegada no intenta reinterpretar-se a sí mateixa d’una forma més directa i quotidiana; el passat és la tendència a la partitocràcia (14) que ens ho ordena tot, eleccions només cada quatre anys, polítics que s’allunyen del coneixement de les necessitats reals del poble, etc.; cal fer tot el possible per evitar l’adormiment de les masses en el sentit d´ Ortega y Gasset, Orwell, Wilhelm Reich o Herbert Marcuse.
És per tot això que cal analitzar la situació polièdrica de la nostra societat global des dels molts vessants per sobreviure-hi. Les temàtiques més concorregudes hauran de ser segurament: l’urbanisme; la salut comunitària, els pressupostos, la igualtat de gèneres, l’educació, la formació, el medi ambient, l’activitat cultural, la immigració (15), la lluita contra l’esquerda digital...
De forma multilateral, tenint en compte la diplomàcia ciutadana, és que ens podrem apropar a una situació global òptima.
(1) Manel Castells. Hobsbawm.
(2) Cau el Mur de Berlín i creix el de Ceuta i Melilla, el de Río Bravo, el d’Israel amb Palestina.
(3) Gore Vidal.
(4) Cómo nos venden la moto, de Noam Chomsky i James Petras.
(5) No hi ha premsa independent ni notícies neutres. Sí hi ha notícies crítiques i és per això que us recomano Le Monde Diplomatique.
(6) La Unió Europea a la vegada que pot resultar molt bona pels europeus pot resultar no ser-ho tant per la resta de països exteriors.
(7) John Maynard Keyness. John Kenneth Galbraith. Amartya Sen.
(8) Vicenç Navarro. Lesther Thurow. Robert Reich.
(9) Joan Subirats. Jordi Sánchez (Fundació Jaume Bofill).
(10) Hayek a nivell internacional i Sala-Martín a nivell local. Els “Chicago boys”.
(11) Joaquim Brugué. Ricard Gomà. Fernando Pindado.
(12) Institut Internacional de Governabilitat (www.iigov.org).
(13) Jordi Borja, en un recent article en feia una molt bona reflexió.
(14) Llei de Ferro dels Partits Polítics. “Desafecció ciutadana vers la política institucional del partits polítics.
(15) Samir Amin. Sami Nair. Willy Kimlycka.
martes, 11 de noviembre de 2008
LÁGRIMAS LIBANESAS
Las lágrimas del Primer Ministro libanés, Fouad Sinora, son el mejor reflejo de la desgracia de lo que conocemos con el eufemismo de “mundo árabe-musulmán” que no es ni ha sido nunca un bloque homogéneo, más bien no existe ni ha existido nunca como lo pretendemos dibujar mentalmente desde el “sofá del Norte”. Precisamente las lágrimas del Líbano se deben a la falta de apoyo recibido por “hermanos” y “vecinos”.
Cuando algunos medios de comunicación y algunos analistas políticos utilizan el término “países árabes” para divulgar algunas de las noticias recientes sobre conflictos geoestratégicos internacionales, éstos se equivocan rotundamente. Lo mismo ocurre cuando con poco rigor se hace alusión a los “países musulmanes”, seguramente queriendo indicar: países con gobiernos cuya base de conducta resulta la ley que se inspira en el Corán (libro sagrado de los seguidores de la religión conocida como Islam), siendo muchos los matices y los estilos. Así pues, podemos encontrarnos con múltiples variedades geográficas y muchas más variedades de implantación de sistema político en el ámbito discutido, desde las monarquías o repúblicas del norte de África, hasta las monarquías y repúblicas de Oriente Medio o de la Península Arábiga, ya sean todas éstas impulsadas en territorios de mayoría musulmana sunnita o chiíta, teniendo en cuenta a su vez muchas más corrientes de la doctrina del profeta Mohammed. Si esto es obvio, ¿por qué nos equivocamos entonces tanto y tan reiteradamente? Como obvio es que los auténticos árabes resultarían ser los descendientes de los habitantes originales del territorio comprendido entre La Meca y Medina; como obvio es que existen árabes que no son musulmanes, al mismo tiempo que existen musulmanes que no son árabes.
El desconocimiento sobre lo que representa y sobre lo que ocurre en el conjunto de países de población que mayoritariamente profesa la religión islámica, se ha transformado a lo largo del tiempo en “Occidente” (otro término usual que describe realmente bien poco; es más sugiere intencionadamente de forma dogmática) en un saco de errores y despropósitos que han acabado habitualmente en pobreza y guerra, que es lo mismo. Una cosa sería lo que decimos que son, por ejemplo, los libaneses o los marroquís (algunos de forma muy vulgar asimilarían sendos conceptos con los de “fanáticos” o “moros”), y otra cosa sería lo que aquella gente seguramente ha sido y pretende ser (algunos libaneses serían efectivamente musulmanes, lo de árabe no hace falta ni discutirlo, unos sunnitas, los otros chiítas, algunos cristianos, algunos drusos; por la parte que le toca a Marruecos, serían ciudadanos del Reino de Marruecos, cuestionarían o no la legitimidad del Rey, otros serían bereberes, muy pocos cristianos, muy pocos judíos).
Es importantísimo cuando hablamos del conglomerado (“mediático”) árabe-musulmán saber distinguir entre lo que significan estrictamente esos dos adjetivos, y lo que realmente son las personas que habitan su geografía vital. O sea, no podemos, los europeos, por ejemplo, querer ser paladines de la defensa del concepto de ciudadanía, y evitar entender que un libanés, a lo mejor, antes que musulmán, se quiera proclamar (autodeterminar; ahora que está tan de moda este verbo), poseedor de la ciudadanía libanesa; así ocurre lo mismo con los marroquís. El debate sobre la “ciudadanía” en el mundo árabe-musulmán, no me cabe duda al respecto, resultará imprescindible para lograr más atisbos de alcanzar el pretendido cambio y modernidad por el cual muchos luchan.
Curiosamente cuando los países resultan estar más anclados en la interpretación estricta de la doctrina religiosa, la ciudadanía está menos considerada. También coincide en este supuesto la interacción de regímenes políticos dictatoriales, autoritarios o simplemente monárquicos, al estilo de la vieja usanza de la Edad Media cristiana. Ocasionalmente estos países mal gobernados reciben el apoyo de las grandes potencias políticas y financieras mundiales. Es en este punto que arrojamos a medio mundo por la borda; no aceptamos su idiosincrasia al mismo tiempo que no permitimos su mutuación; eso es un callejón sin salida de enfrentamiento directo.
Pues, decíamos, Líbano es mucho más que Hezbolá (el Partido de Dios, apoyado por Siria e Irán) y Hamás (el Movimiento de Resistencia Islámica), como la Liga Árabe y la Conferencia Islámica son organizaciones más complejas y más diversas en su seno de lo que connotarían sus calificativos determinantes. No hay que olvidar, además, que el destino marcado por las élites políticas gobernantes en estos países no es representativo de las ansias de libertad que proclaman sus ciudadanos, y me permito repetir de nuevo la idea. Aquí hace falta una revolución más, aunque ya fue revolución lo del Ayatolá Jomeini en Irán, y no gustó a la otra media parte del planeta. En la comunidad internacional debería prevalecer el adagio que comenta “vive y deja vivir (en paz, se entiende).
En este aspecto último, parece que Bush esté empecinado en meterse dónde no le llaman y quiera seguir el guión ideado y diseñado por Samuel Huntington y Francis Fukuyama: debemos mezclarlo todo para confundir. En este embrollo metemos las guerras y las invasiones de Afganistán, Irak, Palestina y Líbano, a lo que pronto añadiremos la oposición a la incertidumbre nuclear de Irán y al apoyo terrorista de Siria: esto sería el epicentro de la gran ofensiva contra el enemigo actual número uno. En la retaguardia viviríamos las escaramuzas posibles en países como Pakistán, Cachemira, el Golfo Pérsico, Indonesia, Chechenia y las otras exrepúblicas soviéticas del Cáucaso (bajo la atenta mirada de las emergentes India y China)… y las calamidades humanitarias de los refugiados saharauis en Argelia, la crisis del Darfur, la hambruna de media África desde Mali a Djibouti…
Otro dato resulta implacable: cuando no hay nadie que se preste a poner orden pueden hacerse más fuertes los radicales que en principio sólo representaban a un subgrupo del total: los talibanes de Afganistán se fueron gestando poco a poco con el conocimiento de todos en tiempos del final de la Guerra Fría, como hoy día vuelven a patrullar en las calles de Mogadiscio los miembros de la Unión de los Tribunales Islámicos. ¿Quién, a los ojos de los más desgraciados de cada país que estamos mencionando, desde los barrios periféricos de Casablanca a las estepas abandonadas del Kirguistán, ha hecho más, por pacificar sus territorios y acercarles un poco de pan y agua, que los muyaidines, militares y religiosos a su vez?
Líbano explica hoy que todo lo que tiene que ver con “árabes” y “musulmanes” resulta ser conflictivo, a la corta o a la larga, en una lectura simplista y poco inteligente de los hechos. Yo creo que eso no es debido a la propia personalidad genética de jordanos, yemenís, tunecinos o egipcios, por citar sólo unas cuantas nacionalidades implicadas. Quizás no exista el interés en solucionar situaciones y vicios que caen por su propio peso, a lo que enseguida el Pentágono estadounidense puede colgar la etiqueta de “elemento potencialmente peligroso y cancerígeno para la comunidad internacional; mensaje implícito: habrá que eliminarlo de cuajo”. Líbano no sólo es árabe y musulmán aunque posiblemente resista unido como país al ataque judío.
La teoría de tomar la parte (Hezbolá) por el todo (Líbano) es muy peligrosa si la trasladamos a todo el conglomerado árabe-musulmán. En principio, Irán distaría muchísimo de Mauritania, si no es que alguien tuviera especial interés en pinchar a los dos en el mismo sitio y provocar el odio de una parte significativa de sus respectivas poblaciones (que evidentemente sería canalizada por los politiquillos de turno de cada lugar a más gloria que la suya en particular).
(AGOSTO 2006)
Cuando algunos medios de comunicación y algunos analistas políticos utilizan el término “países árabes” para divulgar algunas de las noticias recientes sobre conflictos geoestratégicos internacionales, éstos se equivocan rotundamente. Lo mismo ocurre cuando con poco rigor se hace alusión a los “países musulmanes”, seguramente queriendo indicar: países con gobiernos cuya base de conducta resulta la ley que se inspira en el Corán (libro sagrado de los seguidores de la religión conocida como Islam), siendo muchos los matices y los estilos. Así pues, podemos encontrarnos con múltiples variedades geográficas y muchas más variedades de implantación de sistema político en el ámbito discutido, desde las monarquías o repúblicas del norte de África, hasta las monarquías y repúblicas de Oriente Medio o de la Península Arábiga, ya sean todas éstas impulsadas en territorios de mayoría musulmana sunnita o chiíta, teniendo en cuenta a su vez muchas más corrientes de la doctrina del profeta Mohammed. Si esto es obvio, ¿por qué nos equivocamos entonces tanto y tan reiteradamente? Como obvio es que los auténticos árabes resultarían ser los descendientes de los habitantes originales del territorio comprendido entre La Meca y Medina; como obvio es que existen árabes que no son musulmanes, al mismo tiempo que existen musulmanes que no son árabes.
El desconocimiento sobre lo que representa y sobre lo que ocurre en el conjunto de países de población que mayoritariamente profesa la religión islámica, se ha transformado a lo largo del tiempo en “Occidente” (otro término usual que describe realmente bien poco; es más sugiere intencionadamente de forma dogmática) en un saco de errores y despropósitos que han acabado habitualmente en pobreza y guerra, que es lo mismo. Una cosa sería lo que decimos que son, por ejemplo, los libaneses o los marroquís (algunos de forma muy vulgar asimilarían sendos conceptos con los de “fanáticos” o “moros”), y otra cosa sería lo que aquella gente seguramente ha sido y pretende ser (algunos libaneses serían efectivamente musulmanes, lo de árabe no hace falta ni discutirlo, unos sunnitas, los otros chiítas, algunos cristianos, algunos drusos; por la parte que le toca a Marruecos, serían ciudadanos del Reino de Marruecos, cuestionarían o no la legitimidad del Rey, otros serían bereberes, muy pocos cristianos, muy pocos judíos).
Es importantísimo cuando hablamos del conglomerado (“mediático”) árabe-musulmán saber distinguir entre lo que significan estrictamente esos dos adjetivos, y lo que realmente son las personas que habitan su geografía vital. O sea, no podemos, los europeos, por ejemplo, querer ser paladines de la defensa del concepto de ciudadanía, y evitar entender que un libanés, a lo mejor, antes que musulmán, se quiera proclamar (autodeterminar; ahora que está tan de moda este verbo), poseedor de la ciudadanía libanesa; así ocurre lo mismo con los marroquís. El debate sobre la “ciudadanía” en el mundo árabe-musulmán, no me cabe duda al respecto, resultará imprescindible para lograr más atisbos de alcanzar el pretendido cambio y modernidad por el cual muchos luchan.
Curiosamente cuando los países resultan estar más anclados en la interpretación estricta de la doctrina religiosa, la ciudadanía está menos considerada. También coincide en este supuesto la interacción de regímenes políticos dictatoriales, autoritarios o simplemente monárquicos, al estilo de la vieja usanza de la Edad Media cristiana. Ocasionalmente estos países mal gobernados reciben el apoyo de las grandes potencias políticas y financieras mundiales. Es en este punto que arrojamos a medio mundo por la borda; no aceptamos su idiosincrasia al mismo tiempo que no permitimos su mutuación; eso es un callejón sin salida de enfrentamiento directo.
Pues, decíamos, Líbano es mucho más que Hezbolá (el Partido de Dios, apoyado por Siria e Irán) y Hamás (el Movimiento de Resistencia Islámica), como la Liga Árabe y la Conferencia Islámica son organizaciones más complejas y más diversas en su seno de lo que connotarían sus calificativos determinantes. No hay que olvidar, además, que el destino marcado por las élites políticas gobernantes en estos países no es representativo de las ansias de libertad que proclaman sus ciudadanos, y me permito repetir de nuevo la idea. Aquí hace falta una revolución más, aunque ya fue revolución lo del Ayatolá Jomeini en Irán, y no gustó a la otra media parte del planeta. En la comunidad internacional debería prevalecer el adagio que comenta “vive y deja vivir (en paz, se entiende).
En este aspecto último, parece que Bush esté empecinado en meterse dónde no le llaman y quiera seguir el guión ideado y diseñado por Samuel Huntington y Francis Fukuyama: debemos mezclarlo todo para confundir. En este embrollo metemos las guerras y las invasiones de Afganistán, Irak, Palestina y Líbano, a lo que pronto añadiremos la oposición a la incertidumbre nuclear de Irán y al apoyo terrorista de Siria: esto sería el epicentro de la gran ofensiva contra el enemigo actual número uno. En la retaguardia viviríamos las escaramuzas posibles en países como Pakistán, Cachemira, el Golfo Pérsico, Indonesia, Chechenia y las otras exrepúblicas soviéticas del Cáucaso (bajo la atenta mirada de las emergentes India y China)… y las calamidades humanitarias de los refugiados saharauis en Argelia, la crisis del Darfur, la hambruna de media África desde Mali a Djibouti…
Otro dato resulta implacable: cuando no hay nadie que se preste a poner orden pueden hacerse más fuertes los radicales que en principio sólo representaban a un subgrupo del total: los talibanes de Afganistán se fueron gestando poco a poco con el conocimiento de todos en tiempos del final de la Guerra Fría, como hoy día vuelven a patrullar en las calles de Mogadiscio los miembros de la Unión de los Tribunales Islámicos. ¿Quién, a los ojos de los más desgraciados de cada país que estamos mencionando, desde los barrios periféricos de Casablanca a las estepas abandonadas del Kirguistán, ha hecho más, por pacificar sus territorios y acercarles un poco de pan y agua, que los muyaidines, militares y religiosos a su vez?
Líbano explica hoy que todo lo que tiene que ver con “árabes” y “musulmanes” resulta ser conflictivo, a la corta o a la larga, en una lectura simplista y poco inteligente de los hechos. Yo creo que eso no es debido a la propia personalidad genética de jordanos, yemenís, tunecinos o egipcios, por citar sólo unas cuantas nacionalidades implicadas. Quizás no exista el interés en solucionar situaciones y vicios que caen por su propio peso, a lo que enseguida el Pentágono estadounidense puede colgar la etiqueta de “elemento potencialmente peligroso y cancerígeno para la comunidad internacional; mensaje implícito: habrá que eliminarlo de cuajo”. Líbano no sólo es árabe y musulmán aunque posiblemente resista unido como país al ataque judío.
La teoría de tomar la parte (Hezbolá) por el todo (Líbano) es muy peligrosa si la trasladamos a todo el conglomerado árabe-musulmán. En principio, Irán distaría muchísimo de Mauritania, si no es que alguien tuviera especial interés en pinchar a los dos en el mismo sitio y provocar el odio de una parte significativa de sus respectivas poblaciones (que evidentemente sería canalizada por los politiquillos de turno de cada lugar a más gloria que la suya en particular).
(AGOSTO 2006)
lunes, 10 de noviembre de 2008
FEEDBACK INTERNACIONAL
Jo, Oliver Klein Bosquet, forjat entre el Castell de Miravet i les platges de Ponent de Cambrils, sóc fruit dels anys que m’han tocat viure, bon coneixedor dels indrets en els quals m’ha tocat habitar, a la vegada que de les persones amb les quals he conviscut.
Sempre he dit que no em podia fer responsable conscientment ni moralment del que no havien pogut aconseguir (anem-ho a dir d’una altra manera: dels “anhels incomplerts”), durant els anys 70 o fins i tot abans, els meus sèniors. Per la meva generació la transició política espanyola i catalana ja es va acabar tal i com ens la varen deixar els nostres pares. Ara hem de mirar cap a una altra banda.
Vaig escollir estudiar Ciències Polítiques perquè m’interessava el que passava en un món que es descobria davant meu, i molt després m’he trobat en l’escena pública a baix de tot de l’escala (i encara estic pensant si em decideixo o no a pujar-hi!).
A la Universitat Autonòma (de la qual guardo grans vivències personals i també grans desil.lusions intel.lectuals vers el que hauria de representar la institució), m’explicaren els conflictes llatinoamericans (Sanahuja; Rodés; Martí) i balcànics (Fisas; Romeva). Creia que la majoria de vegades valia més la pena assistir a conferències i debats “alternatius” que no pas anar a segons quin tipus de classe. Una mica més tard vaig començar a interessar-me per Àfrica (Bosch; Carrero) i la desaparició de l’antic bloc comunista (Taibo). Assistia, fora d’horaris acadèmics oficials, a les imprescindibles sessions de l’ICPS, del CIDOB o de Cristianisme i Justícia (Mercadé; Ribera; De Sebastián; Oliveres). Des de sempre que vaig poder accedir-hi i vaig poder aprendre’n, una de les meves grans obsessions o vicis va resultar llegir premsa internacional i acudir a hemeroteques llunyanes (Spiegel; Focus, Stern; Le Courier International; Le Nouvel Observateur; l’Humanité; Il Manifesto).
Durant els anys 90 vaig construir els meus propis dossiers sobre les Guerres del Golf Pèrsic, entroncant-les amb el final de la Guerra entre Irak i Iran, així com vaig estudiar el fenomen de Chiapas des de la perspectiva de les revolucions perdudes centreamericanes i de les dificultats profundes de les seves democràcies aparents... però també em varen interessar la guerra de Txetxènia o el conflicte àrab-israelià, per esmentar altres exemples de l’època.
Evidentment jo sóc bàsicament un home marcat per l’era de la globalització, que no deixa de completar l’obra de Hobsbawn i d’altres (Reich; Marcuse; Ortega y Gasset) sobre el nacionalisme, l’imperialisme, el comunisme, o qualsevol dels ismes del S.XX. Sóc un home de San Cristóbal de Las Casas i de Porto Alegre, que ha navegat entre la llibertat d’internet i les pàgines de Le Monde Diplomatique, Chomsky, Boff, Benedetti, Goytisolo i algun etcètera.
Va arribar l’etapa de l’Escola de Pau de la Unesco, el Centre d’Estudis Internacionals de Barcelona i l’Europa-Institut de la Universitat del Sarre, a Alemanya, centres en els quals suposadament vaig intentar construir ponts teòrics que lliguessin la política exterior europea i espanyola, amb l’hemisferi americà i la umma àrab-musulmana. Finalment circulo pel Ministeri de Cooperació al Desenvolupament alemany, l’Institut Internacional per a la Governabilitat de Catalunya, l’Observatori de Drets Humans i la Universitat Rovira i Virgili, en l’àmbit professiona (Dehn; Prats; Saura; Stein; Murswiek).
Ignatieff, Kaplan, Kaldor, George, Marcos, Kapuscinki, Stiglitz, Sachs, Kymlicka, Sen. Un altre món és possible.
Sens dubte la meva gran inversió en tot aquest recorregut, des de que amb divuit anys es va topar amb mi la República Dominicana i la comprensió de la meva mare en aquell primer viatge iniciàtic, fins caure atrapat pel Marroc i la seva mussa, va resultar, paral.lelament a la formació, el fet de viatjar per arreu amb l’únic objectiu d’observar, debatre, comparar i aprendre.
Avui dia no tinc més preocupació que l’extrema pobresa que pateixen dues terceres parts del planeta, així com el rapte de l’esperança que sempre suposa la immigració econòmica.
Del que no he vist no en puc dir gaire cosa (cal llegir i interpretar la història), però del que sí he experimentat, en el temps que m’heu regalat, no ho puc tenir més clar: cal seguir implicant-nos en la creença de què existeix “un sòl món” sense fer distincions de persones ni de cultures (ni Huntingtun ni Fukuyama!). L’objectiu únic és viure en pau i harmonia, que ha d’esdevenir el mínim comú denominador de tota la Humanitat.
Sempre he dit que no em podia fer responsable conscientment ni moralment del que no havien pogut aconseguir (anem-ho a dir d’una altra manera: dels “anhels incomplerts”), durant els anys 70 o fins i tot abans, els meus sèniors. Per la meva generació la transició política espanyola i catalana ja es va acabar tal i com ens la varen deixar els nostres pares. Ara hem de mirar cap a una altra banda.
Vaig escollir estudiar Ciències Polítiques perquè m’interessava el que passava en un món que es descobria davant meu, i molt després m’he trobat en l’escena pública a baix de tot de l’escala (i encara estic pensant si em decideixo o no a pujar-hi!).
A la Universitat Autonòma (de la qual guardo grans vivències personals i també grans desil.lusions intel.lectuals vers el que hauria de representar la institució), m’explicaren els conflictes llatinoamericans (Sanahuja; Rodés; Martí) i balcànics (Fisas; Romeva). Creia que la majoria de vegades valia més la pena assistir a conferències i debats “alternatius” que no pas anar a segons quin tipus de classe. Una mica més tard vaig començar a interessar-me per Àfrica (Bosch; Carrero) i la desaparició de l’antic bloc comunista (Taibo). Assistia, fora d’horaris acadèmics oficials, a les imprescindibles sessions de l’ICPS, del CIDOB o de Cristianisme i Justícia (Mercadé; Ribera; De Sebastián; Oliveres). Des de sempre que vaig poder accedir-hi i vaig poder aprendre’n, una de les meves grans obsessions o vicis va resultar llegir premsa internacional i acudir a hemeroteques llunyanes (Spiegel; Focus, Stern; Le Courier International; Le Nouvel Observateur; l’Humanité; Il Manifesto).
Durant els anys 90 vaig construir els meus propis dossiers sobre les Guerres del Golf Pèrsic, entroncant-les amb el final de la Guerra entre Irak i Iran, així com vaig estudiar el fenomen de Chiapas des de la perspectiva de les revolucions perdudes centreamericanes i de les dificultats profundes de les seves democràcies aparents... però també em varen interessar la guerra de Txetxènia o el conflicte àrab-israelià, per esmentar altres exemples de l’època.
Evidentment jo sóc bàsicament un home marcat per l’era de la globalització, que no deixa de completar l’obra de Hobsbawn i d’altres (Reich; Marcuse; Ortega y Gasset) sobre el nacionalisme, l’imperialisme, el comunisme, o qualsevol dels ismes del S.XX. Sóc un home de San Cristóbal de Las Casas i de Porto Alegre, que ha navegat entre la llibertat d’internet i les pàgines de Le Monde Diplomatique, Chomsky, Boff, Benedetti, Goytisolo i algun etcètera.
Va arribar l’etapa de l’Escola de Pau de la Unesco, el Centre d’Estudis Internacionals de Barcelona i l’Europa-Institut de la Universitat del Sarre, a Alemanya, centres en els quals suposadament vaig intentar construir ponts teòrics que lliguessin la política exterior europea i espanyola, amb l’hemisferi americà i la umma àrab-musulmana. Finalment circulo pel Ministeri de Cooperació al Desenvolupament alemany, l’Institut Internacional per a la Governabilitat de Catalunya, l’Observatori de Drets Humans i la Universitat Rovira i Virgili, en l’àmbit professiona (Dehn; Prats; Saura; Stein; Murswiek).
Ignatieff, Kaplan, Kaldor, George, Marcos, Kapuscinki, Stiglitz, Sachs, Kymlicka, Sen. Un altre món és possible.
Sens dubte la meva gran inversió en tot aquest recorregut, des de que amb divuit anys es va topar amb mi la República Dominicana i la comprensió de la meva mare en aquell primer viatge iniciàtic, fins caure atrapat pel Marroc i la seva mussa, va resultar, paral.lelament a la formació, el fet de viatjar per arreu amb l’únic objectiu d’observar, debatre, comparar i aprendre.
Avui dia no tinc més preocupació que l’extrema pobresa que pateixen dues terceres parts del planeta, així com el rapte de l’esperança que sempre suposa la immigració econòmica.
Del que no he vist no en puc dir gaire cosa (cal llegir i interpretar la història), però del que sí he experimentat, en el temps que m’heu regalat, no ho puc tenir més clar: cal seguir implicant-nos en la creença de què existeix “un sòl món” sense fer distincions de persones ni de cultures (ni Huntingtun ni Fukuyama!). L’objectiu únic és viure en pau i harmonia, que ha d’esdevenir el mínim comú denominador de tota la Humanitat.
domingo, 9 de noviembre de 2008
VERD SCHUMACHER
Lògicament no és la intenció d’aquest text parlar del Schumacher-porter de la selecció de futbol alemanya que va participar al Mundial de 1982, ni del Schumacher-campió de Fórmula 1. Avui ens toca parlar d’un Schumacher segurament menys popular, en Fritz Schumacher, britànic, d’origen alemany, això sí, un dels gurús del pensament “verd” de meitats dels anys setanta amb la seva obra “Small is beautiful”.
El que escriu Schumacher després d’haver analitzat les primeres conseqüències de la crisi del petroli de 1973, ens és totalment vigent trenta-cinc anys després, l’any 2008, sobretot pel que respecta a l’exemple o cas de partida del tema de l’escassetat i dependència cabdal vers l’energia petroliera. Durant tota la seva obra hi trobarem una marcada crítica a la progressió d’un sistema que cada vegada més anteposa les mercaderies a les pròpies persones, el desenvolupament econòmic per se a la felicitat individual de cada ésser humà. Si la globalització segurament és un fenomen del qual ja no podem renunciar, caldrà, es repeteix com a idea bàsica en la seva obra, globalitzar, en tot cas, allò que beneficia realment a tothom, com poden ser l’ampliació dels drets humans i la democràcia, però no pas globalitzar l’economia capitalista salvatge que s’està imposant en l’actualitat, sens dubte, que només genera ingressos repartits i concentrats per uns pocs.
Si anem llegint les pàgines del llibre en qüestió entendrem que vivim immersos en un model de vida cada vegada més difícil de mantenir, d’altra banda amb quotes d’injustícia molt elevades. El sistema econòmic que ens domina, basat en el creixement exponencial i infinit, que no té en compte la lògica empírica de la finitud de recursos del planeta, ens està portant i ens portarà a tota la humanitat, a viure en un món més inhabitable.
En gran part, el nostre model de vida es basa en l’explotació dels recursos energètics fòssils i finits, com pot ser el mateix petroli, però també el gas i el carbó, que tots ells ja han entrat en període de declivi. Tard o d’hora, doncs, haurem d’aprendre a viure, tant si ens agrada com si no, en un món de baixa energia, perquè ni tota la tecnologia del món, ni tota la tecnologia del mateix, ni totes les energies específicament renovables juntes, podran aconseguir que seguim vivint com si tinguéssim tres planetes plegats. Cap invenció podrà negar-se a veure que de planeta només en tenim un (lema de la política de cooperació internacional al desenvolupament alemanya, d’altra banda: “Tots som un sòl món”), maltractat, espoliat, contaminat i assaltat en tota la seva fragilitat.
El mateix canvi climàtic del qual tant es parla és segurament una de les conseqüències principals del nostre model de vida, personal, econòmic i fonamentalment industrial, un avís que ens indica que estem vivint per sobre de les nostres possibilitats en un sistema de creixement de la producció i del consum tan gran que no és de cap de les maneres gratuït, que té implicacions a la vegada molt greus, com poden ser l’augment constant de les emissions contaminadores. És per això que alguns radicals precisament es manifesten en grups a favor del “decreixement”.
Així doncs, Schumacher ens comenta que els sistema econòmic i financer estipulat per les forces guanyadores de la Segona Guerra Mundial és en gran part el responsable del caos ecològic que arrastra tot el planeta i de la nostra esclavització robotitzant, tal i com ja anunciaven Ortega y Gasset, Orwell, Reich o Marcuse. El mateix sistema creat per i per a uns pocs, de nou s’imposa tot fent que seguim consumint i callant, creixent en massa però no en intel.ligència, demanant crèdits per fer més inversions, tot pagant més deutes i restant emmanillats als seus desitjos i benefici propi.
El creixement il.limitat que sembla predicar-se avui dia no aporta la felicitat en sí mateixa a l’ésser humà, ans tot el contrari genera una ansietat compulsiva que cada vegada et demana tenir més i més, com la mateixa droga que enganxa i es transforma en vici: parlem d’una malaltia amb un nom molt concret que és el “consumisme”. Lluitat contra aquest virus pandèmic només resulta possible provocant un gran canvi de mentalitat dels ciutadans reflexius, un canvi que ha de ser cultural, de prioritats i de tendències. Fins ara aquells que han iniciat a oposar-se contra el “sistema” descrit han estat titllats de marginals, rars o estranys, que són aquells mateixos que en diferents proporcions i objectius elementals, demanen un retorn a l’”slowfood”; construeixen xarxes de consum solidari; van en bicicleta o proclamen el dia internacional sense cotxes; per esmentar només alguns petits exemples de rebel.lió que segurament provoquen algun tipus de “felicitat” als que els implementen, a la vegada que són del tot innocents i gens nocius per a la resta de conciutadans.
Schumacher ens desvetlla amb l’afirmació clarivident de què el gran error de l’era que ens ha tocat viure ha estat el creure més que mai, gairebé com si es tractés de l’acte de fe del qui professa una religió, que el “problema de la producció” s’ha solucionat per sempre, gairebé com dirà anys més tard el think tank del govern dels Estats Units, Francis Fukuyama, amb la seva frase famosa “la història s’ha acabat” (en referència a la caiguda del Mur de Berlín, la desintegració de la URSS i el desmantellament del socialisme comunista com a única alternativa al capitalisme impassible). Aquest error imperdonable està provocat de la mateixa manera perquè algú ha estat interessat en fer-nos creure i tractar alguns “capitals bàsics” per a la humanitat, com poden ser les mateixes matèries primes, com si fossin autèntiques “rendes”.
Evidentment que es poden fer coses per canviar les tendències com dèiem amb anterioritat, i tot comença per conèixer el fenomen en la seva totalitat i integralitat, i participar de gestos tan petits com personals, com en grans decisions polítiques a nivell de la societat internacional organitzada: un àmbit, per exemple, passaria per ser capaços de renunciar als nostres excessos particulars en benefici de la resta (un tema més moral), i l’altre aniria més enllaçat en promoure el canvi radical en l’estructura del sistema econòmic, financer i comercial internacional tot defensant la reforma del Banc Mundial, Fons Monetari Internacional i l’Organització Mundial del Comerç, per esmentar només uns exemples clars i discutits (un tema molt més polític).
Si analitzem molt en profunditat el perquè de la pobresa al món, el seu origen, la seva gènesi i la seva situació actual, fins i tot arribarem a la conclusió de què la suposada ajuda de la cooperació internacional al desenvolupament dels països més necessitats no deixa de ser també part del pla generat a partir de 1945 per les potències hegemòniques, antigues metròpolis imperialistes, per seguir-ne traient el seu profit egoista, sense necessitat de gastar en guerres i exèrcits (que d’altra banda també perduren: Irak, Afganistan). Precisament en aquest darrer punt s’estén la lluita que continua pel domini sobre les matèries primes i veiem com es mou el mapa d’interessos geoestratègics cap a l’Àsia Central, per alguna raó, evidentment el gas, el petroli... però també d’aquesta manera entendrem la política internacional de les potències cap a l’Orient Mitjà o el Nord d’Àfrica (davant del problema saharaui s’ha conegut recentment la concessió del Marroc als Estats Units per construir una base militar seva a Tan-Tan, que és el mateix que la base militar dels nord-americans a l’Equador prop de l’Amazonia o les del Japó, Filipines o Corea; o la presència de l’exèrcit francès al cor d’Àfrica...).
L’autor, malgrat la terrible descripció, és optimista, i ens dóna la seva recepta ecologista, de pensament verd, que té tres pinzellades o ingredients fonamentals com poden ser: 1) les tesis socialistes o socialitzants, al mateix temps crítiques i actualitzades; 2) una moral que es situa per davant de qualsevol altra ambigüitat, amb un criteri essencial del que és just; 3) la recerca de la pau i felicitat individual per tal d’aconseguir l’harmonia universal.
L’enemic pot arribar a dir que “lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos”, el qual és tan estúpid i es situa al mateix nivell del que un dia va pronunciar Kissinger en un altre terreny: “Somoza es un hipo de puta, pero nosotros lo mantendremos porque es nuestro hijo de puta”. Evidentment això resulta ser l’anti-Schumacher, l’error, el dolent, que també té la seva naturalesa humana inevitable, però no per això s’ha de deixar de denunciar i combatre.
Ho hem de saber i ho hem d’explicar per sumar gent al canvi: l’errada o malaltia social que està sent provocada pel neolliberalisme, deriva del pur egoisme, cobdícia i bel.ligerància d’uns quants, és la mateixa errada o malaltia provada o projectada sobre tot l’ecosistema que amenaça tota la nostra humanitat.
Amb Schumacher sabem que la política verda va més enllà del conservacionisme. Si seguim tot el seu llibre, comprovarem que aquesta política pel canvi comença amb els problemes mediambientals estrictament però no acaba amb ells. Indaga les causes de la degradació i els troba bàsicament com hem intentat posar de manifest en la mateixa política que regna i l’economia del creixement pel creixement, que és la que s’ha intentat exportar a tots els racons del planeta (allà on més problemes hi ha per a la seva adopció és on hi ha més perspectives de generació de conflicte com pot ser al voltants dels països àrabs o al Llunyà Orient). La crítica amb substància a aquestes maneres de fer i viure no l’abandona sense donar una sèrie d’alternatives polítiques, econòmiques, filosòfiques i socials, que conformen la base del moviment que defensa i predica, com a suma de detalls i observacions que no es poden deixar passar per alt.
Per una altra ocasió deixarem la interpretació que dels seus escrits es pot fer a l’hora d’optar per una via més anarquista, rupturista, reformista o pactista, en el moment de promoure el canvi. Des de l’exemple de la conducta individual, fins a l’alliberament femení, el cooperativisme, el pacifisme, l’oposició a l’energia nuclear o als transgènics, no vull dir fins a on i de quina manera es desenvoluparan aquestes mobilitzacions contra l’status quo, ja sigui igualment dit, per forces extraparlamentàries, forces polítiques majoritàries de tipus socialdemòcrata, fussions ecosocialises, o des de l’ortodòxia més purament i exclusivament ecologista.
El debat ja està servit des de fa anys, gràcies, entre d’altres, a un gran desconegut per la majoria d’espectadors neutres, com és en Fritz Schumacher; que malgrat no ser ni el del futbol ni el dels cotxes, sí té origen alemany i ha fet una gran contribució a la humanitat d’escassament tres-centes pàgines a qui a “tothom a qui no agrada que li venguin la moto fàcilment” convido a llegir.
(Juny de 2008)
El que escriu Schumacher després d’haver analitzat les primeres conseqüències de la crisi del petroli de 1973, ens és totalment vigent trenta-cinc anys després, l’any 2008, sobretot pel que respecta a l’exemple o cas de partida del tema de l’escassetat i dependència cabdal vers l’energia petroliera. Durant tota la seva obra hi trobarem una marcada crítica a la progressió d’un sistema que cada vegada més anteposa les mercaderies a les pròpies persones, el desenvolupament econòmic per se a la felicitat individual de cada ésser humà. Si la globalització segurament és un fenomen del qual ja no podem renunciar, caldrà, es repeteix com a idea bàsica en la seva obra, globalitzar, en tot cas, allò que beneficia realment a tothom, com poden ser l’ampliació dels drets humans i la democràcia, però no pas globalitzar l’economia capitalista salvatge que s’està imposant en l’actualitat, sens dubte, que només genera ingressos repartits i concentrats per uns pocs.
Si anem llegint les pàgines del llibre en qüestió entendrem que vivim immersos en un model de vida cada vegada més difícil de mantenir, d’altra banda amb quotes d’injustícia molt elevades. El sistema econòmic que ens domina, basat en el creixement exponencial i infinit, que no té en compte la lògica empírica de la finitud de recursos del planeta, ens està portant i ens portarà a tota la humanitat, a viure en un món més inhabitable.
En gran part, el nostre model de vida es basa en l’explotació dels recursos energètics fòssils i finits, com pot ser el mateix petroli, però també el gas i el carbó, que tots ells ja han entrat en període de declivi. Tard o d’hora, doncs, haurem d’aprendre a viure, tant si ens agrada com si no, en un món de baixa energia, perquè ni tota la tecnologia del món, ni tota la tecnologia del mateix, ni totes les energies específicament renovables juntes, podran aconseguir que seguim vivint com si tinguéssim tres planetes plegats. Cap invenció podrà negar-se a veure que de planeta només en tenim un (lema de la política de cooperació internacional al desenvolupament alemanya, d’altra banda: “Tots som un sòl món”), maltractat, espoliat, contaminat i assaltat en tota la seva fragilitat.
El mateix canvi climàtic del qual tant es parla és segurament una de les conseqüències principals del nostre model de vida, personal, econòmic i fonamentalment industrial, un avís que ens indica que estem vivint per sobre de les nostres possibilitats en un sistema de creixement de la producció i del consum tan gran que no és de cap de les maneres gratuït, que té implicacions a la vegada molt greus, com poden ser l’augment constant de les emissions contaminadores. És per això que alguns radicals precisament es manifesten en grups a favor del “decreixement”.
Així doncs, Schumacher ens comenta que els sistema econòmic i financer estipulat per les forces guanyadores de la Segona Guerra Mundial és en gran part el responsable del caos ecològic que arrastra tot el planeta i de la nostra esclavització robotitzant, tal i com ja anunciaven Ortega y Gasset, Orwell, Reich o Marcuse. El mateix sistema creat per i per a uns pocs, de nou s’imposa tot fent que seguim consumint i callant, creixent en massa però no en intel.ligència, demanant crèdits per fer més inversions, tot pagant més deutes i restant emmanillats als seus desitjos i benefici propi.
El creixement il.limitat que sembla predicar-se avui dia no aporta la felicitat en sí mateixa a l’ésser humà, ans tot el contrari genera una ansietat compulsiva que cada vegada et demana tenir més i més, com la mateixa droga que enganxa i es transforma en vici: parlem d’una malaltia amb un nom molt concret que és el “consumisme”. Lluitat contra aquest virus pandèmic només resulta possible provocant un gran canvi de mentalitat dels ciutadans reflexius, un canvi que ha de ser cultural, de prioritats i de tendències. Fins ara aquells que han iniciat a oposar-se contra el “sistema” descrit han estat titllats de marginals, rars o estranys, que són aquells mateixos que en diferents proporcions i objectius elementals, demanen un retorn a l’”slowfood”; construeixen xarxes de consum solidari; van en bicicleta o proclamen el dia internacional sense cotxes; per esmentar només alguns petits exemples de rebel.lió que segurament provoquen algun tipus de “felicitat” als que els implementen, a la vegada que són del tot innocents i gens nocius per a la resta de conciutadans.
Schumacher ens desvetlla amb l’afirmació clarivident de què el gran error de l’era que ens ha tocat viure ha estat el creure més que mai, gairebé com si es tractés de l’acte de fe del qui professa una religió, que el “problema de la producció” s’ha solucionat per sempre, gairebé com dirà anys més tard el think tank del govern dels Estats Units, Francis Fukuyama, amb la seva frase famosa “la història s’ha acabat” (en referència a la caiguda del Mur de Berlín, la desintegració de la URSS i el desmantellament del socialisme comunista com a única alternativa al capitalisme impassible). Aquest error imperdonable està provocat de la mateixa manera perquè algú ha estat interessat en fer-nos creure i tractar alguns “capitals bàsics” per a la humanitat, com poden ser les mateixes matèries primes, com si fossin autèntiques “rendes”.
Evidentment que es poden fer coses per canviar les tendències com dèiem amb anterioritat, i tot comença per conèixer el fenomen en la seva totalitat i integralitat, i participar de gestos tan petits com personals, com en grans decisions polítiques a nivell de la societat internacional organitzada: un àmbit, per exemple, passaria per ser capaços de renunciar als nostres excessos particulars en benefici de la resta (un tema més moral), i l’altre aniria més enllaçat en promoure el canvi radical en l’estructura del sistema econòmic, financer i comercial internacional tot defensant la reforma del Banc Mundial, Fons Monetari Internacional i l’Organització Mundial del Comerç, per esmentar només uns exemples clars i discutits (un tema molt més polític).
Si analitzem molt en profunditat el perquè de la pobresa al món, el seu origen, la seva gènesi i la seva situació actual, fins i tot arribarem a la conclusió de què la suposada ajuda de la cooperació internacional al desenvolupament dels països més necessitats no deixa de ser també part del pla generat a partir de 1945 per les potències hegemòniques, antigues metròpolis imperialistes, per seguir-ne traient el seu profit egoista, sense necessitat de gastar en guerres i exèrcits (que d’altra banda també perduren: Irak, Afganistan). Precisament en aquest darrer punt s’estén la lluita que continua pel domini sobre les matèries primes i veiem com es mou el mapa d’interessos geoestratègics cap a l’Àsia Central, per alguna raó, evidentment el gas, el petroli... però també d’aquesta manera entendrem la política internacional de les potències cap a l’Orient Mitjà o el Nord d’Àfrica (davant del problema saharaui s’ha conegut recentment la concessió del Marroc als Estats Units per construir una base militar seva a Tan-Tan, que és el mateix que la base militar dels nord-americans a l’Equador prop de l’Amazonia o les del Japó, Filipines o Corea; o la presència de l’exèrcit francès al cor d’Àfrica...).
L’autor, malgrat la terrible descripció, és optimista, i ens dóna la seva recepta ecologista, de pensament verd, que té tres pinzellades o ingredients fonamentals com poden ser: 1) les tesis socialistes o socialitzants, al mateix temps crítiques i actualitzades; 2) una moral que es situa per davant de qualsevol altra ambigüitat, amb un criteri essencial del que és just; 3) la recerca de la pau i felicitat individual per tal d’aconseguir l’harmonia universal.
L’enemic pot arribar a dir que “lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos”, el qual és tan estúpid i es situa al mateix nivell del que un dia va pronunciar Kissinger en un altre terreny: “Somoza es un hipo de puta, pero nosotros lo mantendremos porque es nuestro hijo de puta”. Evidentment això resulta ser l’anti-Schumacher, l’error, el dolent, que també té la seva naturalesa humana inevitable, però no per això s’ha de deixar de denunciar i combatre.
Ho hem de saber i ho hem d’explicar per sumar gent al canvi: l’errada o malaltia social que està sent provocada pel neolliberalisme, deriva del pur egoisme, cobdícia i bel.ligerància d’uns quants, és la mateixa errada o malaltia provada o projectada sobre tot l’ecosistema que amenaça tota la nostra humanitat.
Amb Schumacher sabem que la política verda va més enllà del conservacionisme. Si seguim tot el seu llibre, comprovarem que aquesta política pel canvi comença amb els problemes mediambientals estrictament però no acaba amb ells. Indaga les causes de la degradació i els troba bàsicament com hem intentat posar de manifest en la mateixa política que regna i l’economia del creixement pel creixement, que és la que s’ha intentat exportar a tots els racons del planeta (allà on més problemes hi ha per a la seva adopció és on hi ha més perspectives de generació de conflicte com pot ser al voltants dels països àrabs o al Llunyà Orient). La crítica amb substància a aquestes maneres de fer i viure no l’abandona sense donar una sèrie d’alternatives polítiques, econòmiques, filosòfiques i socials, que conformen la base del moviment que defensa i predica, com a suma de detalls i observacions que no es poden deixar passar per alt.
Per una altra ocasió deixarem la interpretació que dels seus escrits es pot fer a l’hora d’optar per una via més anarquista, rupturista, reformista o pactista, en el moment de promoure el canvi. Des de l’exemple de la conducta individual, fins a l’alliberament femení, el cooperativisme, el pacifisme, l’oposició a l’energia nuclear o als transgènics, no vull dir fins a on i de quina manera es desenvoluparan aquestes mobilitzacions contra l’status quo, ja sigui igualment dit, per forces extraparlamentàries, forces polítiques majoritàries de tipus socialdemòcrata, fussions ecosocialises, o des de l’ortodòxia més purament i exclusivament ecologista.
El debat ja està servit des de fa anys, gràcies, entre d’altres, a un gran desconegut per la majoria d’espectadors neutres, com és en Fritz Schumacher; que malgrat no ser ni el del futbol ni el dels cotxes, sí té origen alemany i ha fet una gran contribució a la humanitat d’escassament tres-centes pàgines a qui a “tothom a qui no agrada que li venguin la moto fàcilment” convido a llegir.
(Juny de 2008)
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