Sobre Derechos Humanos se escribe y se habla mucho en el ámbito de las relaciones y el derecho internacional, aunque la mayoría de las veces sea por simple sentimiento de deber y no tanto por el mismo compromiso que de éste se pueda extraer, o al menos eso es lo que parece. Existe, eso sí, un grupo de gente dedicada, no tanto a generalizar el discurso sobre la exigibilidad de los derechos humanos, como a ubicar en el espacio y en el tiempo adecuados cuáles deberían ser, por ejemplo, los derechos económicos, sociales y culturales justos para aplicar como condición indispensable al desarrollo de cualquier sociedad planetaria.
Algunos de los derechos sobre los cuales no deberíamos realizar más circunloquios se sitúan en el terreno de la ocupación, o sea, el trabajo; el acceso a la educación y a la salud; la lucha contra el analfabetismo; el aumento de la esperanza de vida; las condiciones necesarias para poseer una vivienda digna; el uso de agua potable; la buena nutrición; la eliminación del trabajo forzoso o del trabajo infantil... Evidentemente, en el mundo existen múltiples diferencias regionales y se pueden establecer especializaciones según de cual se trate el país de que hablamos. Si analizamos los casos de América Latina y del Magreb, dos de las regiones sobre las cuales ejerce una mayor influencia la política exterior, así como las relaciones culturales, históricas y económicas, ejecutadas desde el Estado Español, observaremos como en el primer caso el sector de población más desfavorecido, globalmente, se identifica con los indígenas, mientras que en el Norte de África ocurriría lo mismo, más específicamente, con las mujeres que habitan zonas rurales.
El texto que presento a continuación se dedicará a analizar el punto de partida de la situación de los derechos humanos y los derechos de los pueblos indígenas, en particular, como análisis preliminar e indispensable para ejecutar políticas internacionales de cooperación al desarrollo que incidan efectivamente sobre la mejora en la condición de ipso de las poblaciones receptoras de la ayuda, todo lo contrario a realizar grandes alardes de caridad. Brasil, por ejemplo, posee unos ciento setenta millones de habitantes, muchos de ellos indígenas, convirtiéndose en el mayor país del área latinoamericana. No vivirá el progreso sin mejorar las condiciones de su población más necesitada, tal y como parece haber entendido el nuevo presidente electo, Luis Ignacio “Lula” Da Silva. México, por otro lado posee unos diez millones de indígenas de los noventa y siete que contabiliza, siendo el segundo país relevante de la zona. Un dato que no debemos olvidas es que la esperanza de vida en Haití es sólo de cincuenta y siete años, lo que sitúa a este pequeño país de colonización francesa a un nivel de los peores registrados en el África Subsahariana. Si la sociedad progresista de Marruecos, en el área del sur del Mediterráneo, lucha por la reforma del Código del Estatuto de la Mujer (“moudawana”), a la vez eleva notablemente su representación parlamentaria femenina (no más de treinta mujeres), América Latina sufre bajo sus lomos la reclamación eterna del cumplimiento del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Derechos Indígenas.
I) Primera Definición de Derechos Humanos
Tanto “Derechos Humanos” como “Desarrollo Humano” son conceptos que pretenden un mismo objetivo: asegurar la libertad, ofrecer el bienestar y asegurar un respeto digno a todos los Seres Humanos que habitan el planeta.
Concretamente, tanto Derechos Humanos como Desarrollo Humano, están basados en lo siguiente:
1) Protección ante cualquier tipo de discriminación por motivo de raza, sexo, origen étnico, nacionalidad o religión;
2) Seguridad para vivir una vida digna en bienestar;
3) Capacidad de desarrollar las capacidades particulares de cada ser humano;
4) Seguridad ante la amenaza, el rapto, la violencia, la tortura y la detención arbitraria;
5) Seguridad jurídica;
6) Capacidad de participar en la sociedad mediante la expresión de ideas y su militancia, la protesta y la asociación en grupos solidarios de intereses;
7) Protección de las libertades individuales de que goza cualquier individuo.
El S.XXI nos amenaza con nuevos paradigmas:
a) Cada vez más existen conflictos internos en los territorios consolidados como Estados-naciones;
b) Periodo de transición de nuestro modelo político y económico;
c) Inseguridad global y riesgo de empobrecer y marginar a los Estados más empobrecidos.
Después de las severas discusiones vividas alrededor de la “globalización” del mundo en el que vivimos, no podemos dejar de manifestarnos de acuerdo, hoy más que nunca, con el supuesto de centrar el objetivo principal de nuestra comunidad internacional en facilitar la defensa de los derechos humanos a todos los habitantes de nuestro planeta allende de las fronteras establecidas.
Para este objetivo podemos enumerar siete elementos claves:
1) Cada país en sus estructuras políticas y sociales tiene que asegurar el Estado Democrático de Derecho;
2) La responsabilidad del Estado ante los atropellos al respeto de los Derechos Humanos tiene que ser total;
3) La erradicación de la pobreza no sólo es una meta del desarrollo económico sino que es una condición indispensable para que se produzca el respeto a los derechos humanos universales;
4) Si hablamos de un mundo global, la defensa de los derechos humanos también debe construirse desde una perspectiva global, adoptando las organizaciones internacionales la parte de responsabilidad que les corresponde.
5)A parte de los Estados y las Organizaciones Internacionales, también tenemos que considerar en el trabajo para facilitar el respeto a los Derechos Humanos a otros actores, como son Organizaciones No Gubernamentales, Municipios, expertos, activistas, empresarios, sindicatos, etc;
6) La prensa, opinión pública y campañas internacionales, en definitiva, la sensibilización a favor de ese respeto de los Derechos Humanos, debe convertirse en uno de los instrumentos más decisivos a utilizar debido al elevado grado de efectividad mostrado;
7) Otras medidas también importantes para asegurar ese respeto a los Derechos Humanos a escala planetaria tienen que crearse desde las esferas más elevadas del poder mundial (hablamos de Naciones Unidas y de la voluntad de sus potencias más fuertes).
II) La importancia de los Derechos Humanos aplicados a las minorías indígenas
Hasta hace muy poco los derechos de los indígenas sólo eran considerados de una forma muy colateral. Hoy en día se han convertido en un tema candente y de rabiosa actualidad. Pese a todo, la respuesta que pueda dar el derecho Internacional y la misma comunidad internacional a su interpelación no puede ser más que limitada. No descubriremos nada si aseguramos que el respeto a los derechos humanos de las comunidades indígenas depende en gran manera de la voluntad de los Estados que conforman esa comunidad internacional.
Los Derechos de los Pueblos Indígenas actualmente son considerados Derechos Humanos inalienables como el mismo derecho a una alimentación y a una sanidad digna. En principio sabemos que vivimos en un mundo en el que existen recursos suficientes como para dar de comer y curar enfermedades que afectan a millones de indígenas.
Como principales instrumentos jurídicos para defender ese respeto a los Derechos Humanos de que hablamos podemos señalar:
1) Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948;
2) Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de 1966;
3) Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, de 1966;
4) Conferencia de Viena sobre Derechos Humanos, de 1993.
La Declaración de Viena se convierte, hoy día, en el instrumento más actualizado y eficaz en su reconocimiento del “Derecho al Desarrollo de los Pueblos” como Derecho Humano básico. Poco a poco se ha ido afianzando la doctrina que considera ese Derecho al Desarrollo como una suma de derechos civiles, políticos y sociales.
III) Instrumentos y formas para una política eficaz a favor del respeto a los Derechos Humanos básicos
Como instrumentos básicos utilizables en aras a lograr un cumplimiento de los Derechos Humanos básicos, por encima de la especificidad indígena, podemos nombrar:
a) Carta fundadora de las Naciones Unidas, de 1945.
Sobre todo su artículo 1, en la consideración del deber internacional a respetar los Derechos Humanos básicos.
b) Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948.
Supuso un paso más en la dirección de concretar cuáles son esos Derechos Humanos a proteger.
c) Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Varios pactos y declaraciones internacionales aprobadas en su seno se han convertido a lo largo de los años en instrumentos básicos de defensa: Declaración sobre cualquier tipo de Discriminación Racial (1966); el Pacto Social (1966); el Pacto Civil (1966); Declaración sobre cualquier tipo de Discriminación de Género (1979); Declaración contra la Tortura (1984); y, por ejemplo, la Declaración sobre los Derechos del Niño (1989).
Estos instrumentos no han quedado en simples declaraciones sino que han ido desarrollándose mediante tratados internacionales a la vez que han creado órganos de control dentro de la misma ONU.
Destacable es la actuación de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas con incidencia sobre la Asamblea General de Naciones Unidas a celebrar anualmente en Nueva York.
d) Consejo de Europa
La Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de 1950, reformada parcialmente, para hacerla más efectiva, en 1998, intenta trasladar las recomendaciones universales de las Naciones Unidas al espacio europeo, y con el tiempo se ha convertido en modelo ejemplar de trabajo y desarrollo en la reflexión de la protección de los Derechos Humanos. De aquí surge el Tribunal de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo.
e) Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE)
Surgida en 1995 de la Conferencia con el mismo nombre que había creado el proceso de Helsinki y París. Al respecto tenemos que comentar que sus objetivos se han tenido que redibujar en la actualidad después de haberse roto el principio de bloques y haber cristalizado la política de acercamiento entre el mundo capitalista y el comunista a través de la exigencia de más respeto a los Derechos Humanos.
f) Sistemas Regionales de defensa de los Derechos Humanos
Así como existe la OSCE y el Consejo de Europa, otros continentes han desarrollado instrumentos continentales de defensa de los Derechos Humanos.
A destacar el Sistema Interamericanos de Derecho Humanos que tiene sus pilares en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, de 1948; y la Convención Americana de Derechos Humanos, de 1969.
Dos instrumentos efectivos de este sistema son la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de 1959; y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de 1979.
g) La Unión Europea
En el Tratado de la Unión Europea, reformado mediante el Tratado de Amsterdam, el concepto de respeto a los Derechos Humanos está integrado entre los principios de la organización (a destacar son los artículos 6 y 7 del Tratado de la Unión).
Mediante el instrumentario jurídico europeo existe la compatibilidad entre la exigencia de hacer efectivo el respeto a los Derechos Humanos por parte de cada Estado así como por parte de los órganos mismos de la Unión.
El actual desarrollo de una Política de Defensa y de Seguridad Común (PESC) se ve obligado a desarrollar ese respeto a los Derechos Humanos en su acción internacional. La exigencia de respeto a los Derechos Humanos es ampliable a todos los Estados candidatos al ingreso a la UE, así como a todos los Estados con los cuales se han suscrito acuerdos de cooperación o se han abierto relaciones diplomáticas.
La nueva Carta de Derechos Fundamentales, aprobada en diciembre del 2001, sólo ha sido un intento más de codificar a nivel europeo la lista de derechos a salvaguardar. Sobre todos los Estados miembros de la Unión Europea recae una tercera obligación al respeto de los Derechos Humanos que proviene de su condición de miembros del Consejo de Europa.
La Política de Derechos Humanos de la Unión Europea se ha ido perfilando en los últimos años y ha llegado a su cúspide con la Resolución Conjunta sobre Política de Derechos Humanos de sus Estados miembros, de noviembre de 1991.
Los cinco criterios básicos de esta política son los siguientes:
1) Protección de las Libertades Fundamentales básicas;
2) Participación de los ciudadanos en las decisiones públicas;
3) Consolidación del Estado de Derecho y de la Seguridad Jurídica;
4) Consolidación de un sistema de economía abierta de mercado;
5) Orientación de una política de Cooperación al Desarrollo que lime las diferencias entre países pobres y países ricos.
Paralelamente al desarrollo de una Política de Derechos Humanos en el seno de la Unión Europea hemos vivido la consolidación de su Política de Cooperación al Desarrollo.
Si citamos el caso de la Política Exterior y de Cooperación de la Unión Europea con el continente americano, debemos señalar que la Unión Europea se ha provisto de mecanismos concretos de defensa de los Derechos Humanos en sus relaciones con Centroamérica (desde 1984 y mediante el conocido Proceso de San José); la Comunidad Andina (desde 1969) y el MERCOSUR (desde 1995).
Otro ejemplo de la proyección de la Política de Derechos Humanos en la Política de Cooperación al Desarrollo de la Unión Europea, son las condiciones expresadas en los Tratados respectivos con los Países de Asia, Caribe y pacífico (Países ACP).
Como instrumentos jurídicos de la política europea que benefician al respeto de los Derechos Humanos nos vemos obligados a mencionar el Comunicado de la Comisión Europea ante el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo sobre “los Derechos Humanos en las Relaciones Exteriores de la Unión Europea: una análisis del proceso desde Roma a Maastricht” (Bruselas, 22.11.1995). Otro Comunicado destacable de la Comisión al Consejo y al Parlamento es “sobre el rol de la Unión Europea en la Promoción de los Derechos Humanos y la Democratización de Terceros Países” (Bruselas, 08.05.01).
En 1994, como desarrollo de las Directivas Nr. 975/99 y 976/99, la Unión Europea aprueba la Iniciativa Europea para el Fomento de la Democracia y de los Derechos Humanos. Aún hoy se debate la posible conveniencia de crear una Agencia Europea que vele por el respeto de los Derechos Humanos en su ámbito más amplio.
IV) Propuestas concretas de actuación en el marco general
En base a todo lo descrito hasta este mismo punto nos podemos plantear realizar algunas propuestas concretas de actuación desde el ámbito de la cooperación al desarrollo entre Estados y Organizaciones Internacionales:
1) Apoyar en todo lo posible las iniciativas que tengan como meta lograr la efectividad del Tribunal Penal Internacional surgido del Estatuto de Roma de 1998;
2) Concentrar una parte de las fuerzas en asegurar los Derechos de la Mujer a partir de las recomendaciones de la Conferencia Mundial de Beijing, derechos que no deberían ser especiales mas deberían verse equiparados a los de los hombres;
3) Concentrar otra parte del esfuerzo en lograr la efectividad del respeto de los Derechos Humanos aplicados a la Infancia, sobre todo a partir de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Niños, de 1989 (lucha contra la prostitución infantil; prohibición de la existencia de niños soldados; defensa de sus derechos económicos sociales y culturales; regulación del trabajo infantil...);
4) Control del comercio de armas y limitación de la producción. Prohibición de la venta de armas a países en situación de conflicto, potencial o abierto;
5) Lucha contra la pena de muerte y a favor de su abolición en los países que aún la mantienen en su régimen jurídico (la UE tiene también una política al respeto);
Otros temas son transversales en el trabajo por la defensa de la Universalidad de los Derechos Humanos: a) facilitar el Derecho al Desarrollo mediante políticas de Cooperación bien elaboradas; b) trabajar en el campo de la gobernabilidad; c) protección de las libertades básicas adquiridos; d) protección especial a refugiados, asilantes y migrantes; e) lucha contra el racismo y la xenofobia; f) concreción de una política de prevención de conflictos y promoción de la cultura de la paz...
V) La especificidad de los Derechos de los Pueblos Indígenas
En 1992 la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo consideraba fundamental la protección de las comunidades indígenas en todo el planeta e introducía mecanismos al respecto en la elaboración de su Agenda 21 global.
Tras la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos de Viena, en 1993, se proclamó la Década Internacional de los Pueblos Indígenas (1994-2004).
Otras consideraciones de caudal importancia son las Recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y específicamente su Recomendación N. 169. Además de todos los Derechos Humanos dirigidos a la población común, los Derechos de los Pueblos Indígenas tienen particularidades cuanto a la especificidad de su cultura, existencia, historia, creencias, etc.
Dentro de los subsistemas regionales de respeto a los Derechos Humanos cabe destacar la actuación de la Organización de Estados Americanos que cuenta con el Instituto Indigenista Interamericano, y la acción del Consejo de Europa y de la OSCE a favor de los derechos de las minorías étnicas sobre todo en lo que se considera Europa del Este y Cáucaso.
VI) Propuestas concretas de actuación en el ámbito de los Derechos Indígenas
De la misma forma que podíamos realizar propuestas dirigidas a beneficiar el cumplimiento de los Derechos Humanos en su marco más amplio y global, también podríamos, como lo demuestra el ejercicio a continuación, pretender analizar la mejor manera de potenciar el cumplimiento de los Derechos Indígenas en particular:
1) Concentrarse en la tarea de preservar las lenguas, culturas y tradiciones de los pueblos indígenas en peligro de extinción;
2) Favorecer la creación de sistemas educativos bilingües o plurilingües;
3) Preservar el hábitat en donde viven las comunidades indígenas;
4) Integrar en la vida económica, social y política del país a las comunidades indígenas tradicionalmente marginadas;
5) Reconocimiento en el sistema político y jurídico de los propios mecanismos de autorregulación de las comunidades indígenas;
6) Incluir la historia de estas comunidades en el proceso de construcción del Estado moderno;
7) Mejorar sus condiciones de vida cotidianas acercando a las comunidades a los servicios básicos de educación, sanidad y recursos (agua, alimentación, etc.)
VII) CONCLUSIÓN
Empezábamos argumentando que los Derechos Indígenas serían el tema de este trabajo de investigación, a la vez que identificábamos su especificidad dentro del marco general de los Derechos Humanos, de cumplimiento obligatorio a nivel mundial. Hemos visto a lo largo del análisis de la situación de los Derechos Humanos, en general, y de los Derechos Indígenas, en particular, como coinciden elementos de juicio, instrumentos y posibilidades de mejorar su exigibilidad. Para finalizar emitimos dos recomendaciones que sólo se inscriben en el terreno de la observación personal surgida a partir de la experiencia personal vivida en el campo de la cooperación al desarrollo con los países empobrecidos.
a) No aconsejaríamos cooperar con aquel país que no demuestre respetar los Derechos Humanos de su población, en general, y los Derechos de sus Poblaciones Indígenas, en particular;
b) Paralelamente a la implementación de las políticas de cooperación al desarrollo ejecutadas por los países pudientes debería articularse otra política definida de respeto a los Derechos Humanos. En el caso de que esta segunda ya existiera previamente, ambos brazos deberían pasar a formar parte de un mismo cuerpo jurídico y ejecutor.
(ABRIL 2003)
DIARI ÍNTIM PERÒ PÚBLIC. En aquest blog vull parlar sobre les coses que observo i em preocupen, perquè les estimo: el temps que són els dies que passen i cal aprofitar; les persones que es creuen amb mi; i, finalment, els països, pobles, indrets, racons... que descobreixo poc a poc. Nascut el 1976, soc Professor de Ciencia Política a la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona. Tambe soc Regidor i Portaveu del Nou Moviment Ciutada (NMC) a l'Ajuntament de Cambrils.
sábado, 18 de octubre de 2008
viernes, 17 de octubre de 2008
PARA UNA POLÍTICA EFECTIVA DE DERECHOS HUMANOS EN LAS RELACIONES EXTERIORES DE LA UE HACIA AMÉRICA LATINA
“La política de cooperación al desarrollo es la mejor aportación a la paz en el Siglo XXI.” “Dónde crece el hambre no hay sitio para la paz” Willi Brandt
En América Latina viven hoy más de quinientos millones de personas en una superficie de 20.556 kilómetros cuadrados. En las últimas décadas el subcontinente americano que conocemos con el nombre de América Latina se ha caracterizado por los siguientes rasgos:
Producir diversos intentos de estabilización económico-financiera que no se han consolidado en la mayoría de los casos;
Convertirse en la región en la cual conviven los contrastes más radicales en cuánto a justicia social se refiere;
Algunos beneficios económicos logrados mediante políticas gubernamentales no se han reinvertido o no se han traducido en un mejor bienestar de la gran parte de la población;
La democratización de sus Estados y sociedades vive cíclicamente retrocesos significativos;
Las violaciones a los Derechos Humanos no son en la actualidad tan palpables como en el pasado, aunque no se aseguren todos los estándares deseables de seguridad jurídica;
Existencia de una relación ambivalente con el proceso de globalización desarrollado a nivel planetario de la cual podemos destacar las diferentes opiniones suscitadas por iniciativas del tipo del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
América Latina representa en la actual formulación de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la Unión Europea (UE) un gran reto aún por explorar en la mayoría de sus posibilidades. Nos preguntamos: ¿Por qué puede llegar a ser tan importante América Latina para la Unión Europea en su conjunto?
En un mundo marcado por los ataques terroristas de unos fanáticos religiosos sobre las Torres Gemelas estadounidenses el pasado 11 de septiembre de 2002, América Latina es percibida como un aliado estable;
En procesos de integración regional como puede ser Mercosur en los años que vienen será muy importante, desde el punto de vista europeo, desarrollar una estrategia programada que sea autónoma de los planes estadounidenses;
Geoestratégicamente deben calcularse los efectos producidos por las iniciativas del ALCA y la cooperación panoceánica con la otra ribera del Pacífico, o sea, el Sureste Asiático, a partir de la iniciativa de APEC;
Europa debe ser consciente de su pérdida de influencia en la región, más allá de su presencia inversora, frente a la presencia en aumento de la sombra de los Estados Unidos.
Muchos somos de la opinión que en los cuatros puntos mencionados, España debe jugar un rol de catalizador y líder en su propósito de incrementar y estrechar el vínculo euro-latinoamericano. Actualmente, parte de este propósito, gracias también a la colaboración de Portugal, se está canalizando a través de la organización y consolidación paulatina de las respectivas Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno.
Por otro lado, la política europea de Derechos Humanos no debe situarse tan sólo en el marco de las exigencias de las normas básicas del Derecho Internacional Público, sino que debe consolidarse como aquel principio fundador de la misma Unión Europea capaz de extenderse más allá de su territorio hasta alcanzar una poryección universal. Quizás sea el impulso europeo el que acabe dotando de mecanismos eficientes en el seno de la Organización de las Naciones Unidas capaces de gobernar la intransigencia de los conflictos armados y del crimen internacional
Desde la institucionalización del Diálogo Político europeo impulsado durante los años setenta, y más tarde con la articulación de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) a partir de la ratificación del Tratado de Maastricht, la política europea de respeto a los Derechos Humanos ha ocupado un lugar insustituible en la orientación de las relaciones exteriores de la comunidad europea. Pese a esto, ha existido siempre en el seno de la organización europea una preocupación evidente frente a la imposibilidad de aplicar unos preceptos, que realmente son de origen interno, en el ámbito de sus relaciones externas. Sin duda, si el respeto a los Derechos Humanos se convirtiera en la pieza angular de la actuación europea, muchos de sus vínculos exteriores quedarían limitados por ese mismo condicionante. La proclamaci{on reciente de la Iniciativa Europea sobre Derechos Humanos ha sido el acontecimiento más destacado a la hora de promover esa política que reclamamos en un marco que no pueda suponer un recorte sustantivo al resto de políticas europeas implementadas.
Tampoco se debe pasar por alto en la reflexión planteada que cualquier política que promueva el respeto a los Derechos Humanos, por sí mismos universales, no debe constreñirse únicamente al área tradicional de la política exterior europea, sino que debiera incluir la cooperación al desarrollo con los países más necesitados, la redefinición de las normas que regulan el comercio internacional, así como el control de armamento, la protección medioambiental, la política de control de los flujos migratorios y la consolidación de un Tribunal de Justicia que superara la lógica de la soberanía nacional y de las fronteras estatales, sólo por citar algunos ejemplos.
Sin duda, en este objetivo que nos puede unir a favor de llevar a la práctica la concepción universal de los Derechos Humanos, existe el riesgo sincero que conllevaría una instrumentalización de la aplicación de los derechos humanos mediante objetivos políticos y geoestratégicos. Tenemos el ejemplo descarado de la acción exterior de los Estados Unidos en Guatemala, Chile, El Salvador, Nicaragua, Grenada o Panamá, por citar algunos casos de intervención militar excusada bajo el pretexto de la defensa de las libertades fundamentales de los habitantes de los respectivos países. Al respecto, la doctrina del Derecho Internacional aún está debatiendo las posibilidades que puede aportar un uso común de la intervención humanitaria o injerencia en situaciones límite en las que exista una percepción de genocidio o ataque frontal a cualquier comunidad indefensa del planeta. Si tomamos el caso de Haití, los marines estadounidenses actuaron bajo el respaldo de la misma comunidad caribeña y latinoamericana con el objetivo de proteger a la población de unos militares subversivos, al mismo tiempo que ponían freno al éxodo de los “boot people” con dirección a la costa de Florida.
En el caso de Colombia, más concretamente, estamos viviendo una cruzada entre las posiciones defendidas por los Estados Unidos y la Unión Europea, como mínimo en el ámbito del discurso, aunque sería todo más discutible nuevamente en el terreno de la práctica. Washington ha decidido jugar la carta de la presencia militar, no sólo con el objetivo de solucionar la cuestión colombiana, sino también con la aspiración de vigilar la Venezuela de Chávez, controlar la producción de coca en la misma Colombia y Bolivia, e introducirse en Ecuador. Está colaboración militante entre los gobiernos de Bush y Uribe es una opción política que no prioriza el fomento de la política de respeto a los derechos humanos, como debiera ser la postura europea, sino que se concentra en la eliminación del cáncer enemigo, que no soluciona en sí mismo las reivindicaciones de la pobreza y de la marginación.
Otro foco, también caliente desde hace décadas, de implicación de la política de derechos humanos en el subcontinente latinoamericano, lo encontramos en Cuba. No sería tanto el objetivo principal del debate a introducir en suelo europeo, discutir sobre la legalidad o legitimidad del gobierno castrista, cómo favorecer mediante el diálogo y las pertinentes recomendaciones la introducción de cambios positivos dento del régimen en su relación con el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos cubanos. Ningún embargo puede ser una política de acuerdo al respeto a los derechos humanos, en cambio seguramente sí se pondrían de acuerdo Europa y la isla caribeña en hablar de mejores substanciales en los niveles de la calidad de vida del ciudadano cubano de a pie en cuestión. La cooperación al desarrollo nos abre aquí una serie inmensa de posibles acciones a emprender.
La conclusión que se puede extraer más fácilmente del artículo en cuestión es la exposición en voz alta por parte del autor del mismo ante la comunidad europea centrada en defender el desarrollo de más y mejores mecanismos de respeto a los derechos humanos en su relación con el subcontinente latinoamericano. Una vez la Unión Europea ha reconocido que quiere hacer efectiva la imposición de la cláusula de respeto a los derechos humanos a aquellos países con los quiere establecer relaciones de cualquier tipo, hemos de plantearnos los europeos de qué forma pueden ser compatibles en el futuro las declaraciones con los hechos. La cláusula de respecto a los derechos humanos debería dejar de utilizarse como un simple indicador para calibrar interpretaciones sobre lo que ocurre en Colombia o Cuba, por citar sólo dos ejemplos, para convertirse directamente en una especie de semáforo que dictaminara por dónde se podría ir de la mano con un socio determinado, en nuestro caso latinoamericano, y por dónde se nos prohibiría. La cláusula de respeto a los derechos humanos no debiera confundirse con la cláusula democrática, más desarrollada en el seno de la Unión Europea, pese a la evidente relación entre ambas, tema de otro artículo. La apariencia democrática de algunos régimenes no deben dejar impunes, en ningún caso, las violaciones a los derechos humanos, que pueda realizar un socio comercial o estratégico. (**)
FEBRERO DE 2003
(*) Texto basado en las conclusiones aportadas por la Tesis, realizada por el mismo autor, presentada con el mismo título, para la obtención del título de Máster en Derecho Comunitario otorgado por el Europa-Institut de la Universidad del Sarre en Saarbrücken, Alemania.
(**) El autor quiere expresar su agradecimiento al Servicio de Intercambio Académico Alemán (DAAD) y a La Caixa, que le han permitido, mediante su apoyo económico, realizar la culminación de sus estudios en Alemania; agradecimiento extendido a los compañeros del Europa-Institut de la Universidad del Sarre y del Ministerio Federal Alemán de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ); especialmente al Director de la Sección del BMZ de Cooperación con Centroamérica y el Caribe, el Sr. H. Dehn; a los Profesores T. Stein y G. Polakiewizc, que se han ocupado de la corrección de la Tesis presentada para la obtención del título de Máster en Derecho Comunitario; a los habitantes de la Residencia de Estudiantes de la ESG de Saarbrücken; a su madre y a su esposa.
Bibliografía
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En América Latina viven hoy más de quinientos millones de personas en una superficie de 20.556 kilómetros cuadrados. En las últimas décadas el subcontinente americano que conocemos con el nombre de América Latina se ha caracterizado por los siguientes rasgos:
Producir diversos intentos de estabilización económico-financiera que no se han consolidado en la mayoría de los casos;
Convertirse en la región en la cual conviven los contrastes más radicales en cuánto a justicia social se refiere;
Algunos beneficios económicos logrados mediante políticas gubernamentales no se han reinvertido o no se han traducido en un mejor bienestar de la gran parte de la población;
La democratización de sus Estados y sociedades vive cíclicamente retrocesos significativos;
Las violaciones a los Derechos Humanos no son en la actualidad tan palpables como en el pasado, aunque no se aseguren todos los estándares deseables de seguridad jurídica;
Existencia de una relación ambivalente con el proceso de globalización desarrollado a nivel planetario de la cual podemos destacar las diferentes opiniones suscitadas por iniciativas del tipo del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
América Latina representa en la actual formulación de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la Unión Europea (UE) un gran reto aún por explorar en la mayoría de sus posibilidades. Nos preguntamos: ¿Por qué puede llegar a ser tan importante América Latina para la Unión Europea en su conjunto?
En un mundo marcado por los ataques terroristas de unos fanáticos religiosos sobre las Torres Gemelas estadounidenses el pasado 11 de septiembre de 2002, América Latina es percibida como un aliado estable;
En procesos de integración regional como puede ser Mercosur en los años que vienen será muy importante, desde el punto de vista europeo, desarrollar una estrategia programada que sea autónoma de los planes estadounidenses;
Geoestratégicamente deben calcularse los efectos producidos por las iniciativas del ALCA y la cooperación panoceánica con la otra ribera del Pacífico, o sea, el Sureste Asiático, a partir de la iniciativa de APEC;
Europa debe ser consciente de su pérdida de influencia en la región, más allá de su presencia inversora, frente a la presencia en aumento de la sombra de los Estados Unidos.
Muchos somos de la opinión que en los cuatros puntos mencionados, España debe jugar un rol de catalizador y líder en su propósito de incrementar y estrechar el vínculo euro-latinoamericano. Actualmente, parte de este propósito, gracias también a la colaboración de Portugal, se está canalizando a través de la organización y consolidación paulatina de las respectivas Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno.
Por otro lado, la política europea de Derechos Humanos no debe situarse tan sólo en el marco de las exigencias de las normas básicas del Derecho Internacional Público, sino que debe consolidarse como aquel principio fundador de la misma Unión Europea capaz de extenderse más allá de su territorio hasta alcanzar una poryección universal. Quizás sea el impulso europeo el que acabe dotando de mecanismos eficientes en el seno de la Organización de las Naciones Unidas capaces de gobernar la intransigencia de los conflictos armados y del crimen internacional
Desde la institucionalización del Diálogo Político europeo impulsado durante los años setenta, y más tarde con la articulación de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) a partir de la ratificación del Tratado de Maastricht, la política europea de respeto a los Derechos Humanos ha ocupado un lugar insustituible en la orientación de las relaciones exteriores de la comunidad europea. Pese a esto, ha existido siempre en el seno de la organización europea una preocupación evidente frente a la imposibilidad de aplicar unos preceptos, que realmente son de origen interno, en el ámbito de sus relaciones externas. Sin duda, si el respeto a los Derechos Humanos se convirtiera en la pieza angular de la actuación europea, muchos de sus vínculos exteriores quedarían limitados por ese mismo condicionante. La proclamaci{on reciente de la Iniciativa Europea sobre Derechos Humanos ha sido el acontecimiento más destacado a la hora de promover esa política que reclamamos en un marco que no pueda suponer un recorte sustantivo al resto de políticas europeas implementadas.
Tampoco se debe pasar por alto en la reflexión planteada que cualquier política que promueva el respeto a los Derechos Humanos, por sí mismos universales, no debe constreñirse únicamente al área tradicional de la política exterior europea, sino que debiera incluir la cooperación al desarrollo con los países más necesitados, la redefinición de las normas que regulan el comercio internacional, así como el control de armamento, la protección medioambiental, la política de control de los flujos migratorios y la consolidación de un Tribunal de Justicia que superara la lógica de la soberanía nacional y de las fronteras estatales, sólo por citar algunos ejemplos.
Sin duda, en este objetivo que nos puede unir a favor de llevar a la práctica la concepción universal de los Derechos Humanos, existe el riesgo sincero que conllevaría una instrumentalización de la aplicación de los derechos humanos mediante objetivos políticos y geoestratégicos. Tenemos el ejemplo descarado de la acción exterior de los Estados Unidos en Guatemala, Chile, El Salvador, Nicaragua, Grenada o Panamá, por citar algunos casos de intervención militar excusada bajo el pretexto de la defensa de las libertades fundamentales de los habitantes de los respectivos países. Al respecto, la doctrina del Derecho Internacional aún está debatiendo las posibilidades que puede aportar un uso común de la intervención humanitaria o injerencia en situaciones límite en las que exista una percepción de genocidio o ataque frontal a cualquier comunidad indefensa del planeta. Si tomamos el caso de Haití, los marines estadounidenses actuaron bajo el respaldo de la misma comunidad caribeña y latinoamericana con el objetivo de proteger a la población de unos militares subversivos, al mismo tiempo que ponían freno al éxodo de los “boot people” con dirección a la costa de Florida.
En el caso de Colombia, más concretamente, estamos viviendo una cruzada entre las posiciones defendidas por los Estados Unidos y la Unión Europea, como mínimo en el ámbito del discurso, aunque sería todo más discutible nuevamente en el terreno de la práctica. Washington ha decidido jugar la carta de la presencia militar, no sólo con el objetivo de solucionar la cuestión colombiana, sino también con la aspiración de vigilar la Venezuela de Chávez, controlar la producción de coca en la misma Colombia y Bolivia, e introducirse en Ecuador. Está colaboración militante entre los gobiernos de Bush y Uribe es una opción política que no prioriza el fomento de la política de respeto a los derechos humanos, como debiera ser la postura europea, sino que se concentra en la eliminación del cáncer enemigo, que no soluciona en sí mismo las reivindicaciones de la pobreza y de la marginación.
Otro foco, también caliente desde hace décadas, de implicación de la política de derechos humanos en el subcontinente latinoamericano, lo encontramos en Cuba. No sería tanto el objetivo principal del debate a introducir en suelo europeo, discutir sobre la legalidad o legitimidad del gobierno castrista, cómo favorecer mediante el diálogo y las pertinentes recomendaciones la introducción de cambios positivos dento del régimen en su relación con el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos cubanos. Ningún embargo puede ser una política de acuerdo al respeto a los derechos humanos, en cambio seguramente sí se pondrían de acuerdo Europa y la isla caribeña en hablar de mejores substanciales en los niveles de la calidad de vida del ciudadano cubano de a pie en cuestión. La cooperación al desarrollo nos abre aquí una serie inmensa de posibles acciones a emprender.
La conclusión que se puede extraer más fácilmente del artículo en cuestión es la exposición en voz alta por parte del autor del mismo ante la comunidad europea centrada en defender el desarrollo de más y mejores mecanismos de respeto a los derechos humanos en su relación con el subcontinente latinoamericano. Una vez la Unión Europea ha reconocido que quiere hacer efectiva la imposición de la cláusula de respeto a los derechos humanos a aquellos países con los quiere establecer relaciones de cualquier tipo, hemos de plantearnos los europeos de qué forma pueden ser compatibles en el futuro las declaraciones con los hechos. La cláusula de respecto a los derechos humanos debería dejar de utilizarse como un simple indicador para calibrar interpretaciones sobre lo que ocurre en Colombia o Cuba, por citar sólo dos ejemplos, para convertirse directamente en una especie de semáforo que dictaminara por dónde se podría ir de la mano con un socio determinado, en nuestro caso latinoamericano, y por dónde se nos prohibiría. La cláusula de respeto a los derechos humanos no debiera confundirse con la cláusula democrática, más desarrollada en el seno de la Unión Europea, pese a la evidente relación entre ambas, tema de otro artículo. La apariencia democrática de algunos régimenes no deben dejar impunes, en ningún caso, las violaciones a los derechos humanos, que pueda realizar un socio comercial o estratégico. (**)
FEBRERO DE 2003
(*) Texto basado en las conclusiones aportadas por la Tesis, realizada por el mismo autor, presentada con el mismo título, para la obtención del título de Máster en Derecho Comunitario otorgado por el Europa-Institut de la Universidad del Sarre en Saarbrücken, Alemania.
(**) El autor quiere expresar su agradecimiento al Servicio de Intercambio Académico Alemán (DAAD) y a La Caixa, que le han permitido, mediante su apoyo económico, realizar la culminación de sus estudios en Alemania; agradecimiento extendido a los compañeros del Europa-Institut de la Universidad del Sarre y del Ministerio Federal Alemán de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ); especialmente al Director de la Sección del BMZ de Cooperación con Centroamérica y el Caribe, el Sr. H. Dehn; a los Profesores T. Stein y G. Polakiewizc, que se han ocupado de la corrección de la Tesis presentada para la obtención del título de Máster en Derecho Comunitario; a los habitantes de la Residencia de Estudiantes de la ESG de Saarbrücken; a su madre y a su esposa.
Bibliografía
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sábado, 11 de octubre de 2008
LA INFLUENCIA DEL ANÁLISIS EN LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS INTERNACIONALES
Partiendo de una definición básica del conflicto, entendido como divergencia o incompatibilidad entre objetivos o intereses en pugna en el interior de un sistema, no deberemos olvidar algunas de sus facetas:
el conflicto es un elemento natural en las relaciones humanas;
no tiene porque significar estrictamente algo negativo, es más bien una realidad con la cual nos ha tocado vivir;
generalmente se enmarca dentro de un proceso más amplio y pluridimensional;
la confrontación de objetivos o intereses de que hablamos puede exteriorizarse o no;
no equivale “per se” a violencia;
nunca se puede considerar aisladamente por su propia complejidad.
Vivimos pues en constante conflicto tanto a nivel personal como a nivel asociativo, aunque no debemos permitir por ello que se esos conflictos se engrandezcan o puedan llegar a poner en peligro nuestra propia integridad o la relación pacífica de que gozamos con nuestros vecinos. Existe una doctrina científica que se ocupa de estudiar el conflicto, como hay otras doctrinas que se ocupan de entender el comportamiento humano o las relaciones humanas en sí mismas. Concretamente existe una rama de la mencionada doctrina que estudia el método para analizar los conflictos, fase previa a la gestión o a la transformación de éstos.
Podemos afirmar que del análisis del conflicto dependerá la estrategia de intervención, en el caso de que se pretendan aminorar o erradicar las incompatibilidades de intereses. Luego existen básicamente dos tipos de motivaciones respecto al conflicto: se puede intentar ir a la raíz con el objetivo de solucionarlo o simplemente se puede decidir meter un parche al problema causante de la discordia, o lo que es lo mismo, se puede aspirar a terminar con el conflicto o simplemente se puede intervenir con el objetivo de atenuar sus efectos.
Para solucionar de forma efectiva un conflicto, generalmente se deben haber ganado muchas batallas en el transcurso de un largo camino. El conflicto puede visualizarse como una carrera de obstáculos. Para llegar a la meta o al final del camino estamos obligados a superar dichos obstáculos uno tras otro, empezando por el primero y terminando por el último. Ésta es la visión menos compleja de un conflicto que discurre en una lógica lineal, pero también puede darse el caso, efectivamente, en el que se produzca el conocido “efecto Alzamora”, o lo que es lo mismo, el caso del motociclista que es capaz de proclamarse Campeón del Mundo de Motociclismo en su cilindrada sin haber ganado anteriormente ningún Gran Premio durante toda la temporada. En el primer caso lo que prevalecerá será la perspicacia y el esfuerzo constante del atleta, y en el segundo convendrá ser mucho más sutil e inteligente con una programación a largo plazo gracias a la regularidad calculada. En ningún caso deberemos olvidar el mensaje extraído de la parábola de la tortuga y la liebre.
La realidad de los conflictos siempre supera a cualquier análisis previo posible por lo que se deberá estar preparado para cualquier tipo de imprevisto o sorpresa de última hora. El conflicto en sí resulta un cúmulo de oportunidades por lo que nos será imposible cerrar conceptualmente la situación determinada en el momento en que aún no hayamos decidido enfrentarnos a la misma.
Desde el punto de vista hasta ahora formulado se debería apostar rotundamente por un esfuerzo centrado en deslumbrar las raíces de cada situación, ya que de identificarse, éstas nos ayudarían a darnos cuenta en su coincidencia a lo largo de la historia y en sus diferentes contextos internacionales. Entonces es cuando podemos actuar mediante la prevención. Creemos, algunos, que más de las dos terceras partes de los conflictos internacionales responden a unas coordenadas de exclusión económica o, al menos, esas coordenadas son una de las partes fundamentales de dichos conflictos. Hoy en día, se considera que todos los conflictos son multicausales, a lo que debemos añadir la influencia que sobre los conflictos ejercen tanto la ubicación geográfica, como la historia o la cultura del mismo. El hambre, como dice el Premio Nóbel de la Pez Alfredo Pérez Esquivel, representa una de las peores violencias que se producen en el mundo, y al respecto existen muchas medidas posibles encaminadas a paliar el sufrimiento de grandes sectores de la población. Sin ninguna duda, una sociedad más justa y con unos recursos económicos mejor redistribuidos, se convertiría en una sociedad con menor probabilidad de conflicto. De la misma forma que ante un frenazo en la carrera de armamentos y la puesta en duda de los soportes culturales que contribuyen a que exista una “mitomanía sobre la figura del guerrero”, el conflicto podría quedar tan sólo en una discusión acalorada sobre cualquier punto en desencuentro.
La regla máxima del analista en conflictos podría resultar hacer un buen uso de su capacidad para fragmentar. En este contexto existen tres elementos centrales a desagregar dentro de cualquier hipotético conflicto. Cuánto a los ACTORES, deberemos saber identificar a los grupos y personas involucradas en una primera fase, para más tarde procurar entender la percepción que del problema suscitado tienen los mismos. De ahí que hablemos siempre sobre la necesidad de realizar ejercicios destinados a promover la empatía; o sea, la capacidad de meterse en la piel del prójimo. El segundo elemento a considerar en un conflicto es el PROCESO. Nos referimos al proceso como parte de la dinámica del conflicto bajo observación. Por ejemplo, un hecho que podría derivar en conflicto latente podría tratarse en un momento dado de un eslabón perdido que formase parte realmente de un ciclo mucho más grande. Finalmente, deberemos describir el PROBLEMA. Hablamos de delimitar temas y asuntos que nos incumben; poner en claro los intereses afectados; y, concretar las necesidades básicas de las partes enfrentadas. Paralelamente a lo dicho deberíamos tratar de clasificar el origen, la estructura y la magnitud del problema base. Para realizar un buen análisis de conflictos hacen falta, sin duda, dos recursos indispensables como son la definición y la comprensión. Una vez definida la problemática, teniendo en cuenta un balance de los recursos existentes y utilizables para gestionar, solucionar o transformar el conflicto, deberemos emprender la hazaña de comprender en el sentido amplio de la palabra.
Como decíamos anteriormente, en esta estancia deberíamos comprender en el sentido de saber apreciar cuál puede ser el mayor nivel de negociación asociado a la cultura de un conflicto. Creemos que esto debe ser irreversible: un conflicto construye una cultura alrededor suyo que es parte, a su vez, de la cultura de un pueblo, que, al mismo tiempo, puede sufrir dicha situación desde fechas inmemoriables. Entonces resulta de vital importancia el hecho de poder aproximarse a las diferentes culturas del conflicto; observar cómo se discute o cómo se pelea entre las partes; y, de todo ello, aprender. Tanto la técnica que nos pueda servir en la construcción de nuestro análisis cómo la experiencia acumulada en la constatación de la vida cotidiana de los hechos, y más específicamente en este caso, nuestro acercamiento real y físico, a las zonas abiertas de conflicto, nos podrán ayudar mucho a la hora de dar en el clavo en la interpretación de la realidad. Es precisamente en este punto donde nos hallamos ante uno de los episodios más difíciles dentro del trabajo relacionado con los conflictos: ¿cómo debemos empezar a tratar el tema en el terreno? No en vano la respuesta a esta pregunta formaría parte de otro episodio de nuestro cuento.
Para finalizar mis reflexiones sobre el conflicto y su análisis, no me quedaría más que parafrasear a uno de los más insignes sabios sobre la resolución de conflictos, Jean Paul Lederach: “el conflicto debe plantearse según dilemas o según contradicciones, siendo preferible el primer camino”. Volviendo a los ejemplos antes citados, nuestro objetivo irrenunciable como analistas debería ser convertirnos en Campeones del Mundo en la Resolución de Conflictos sin renunciar nunca a ganar también algún Gran Premio, que es la forma de ganar bien y con holgura. El ideal nuestro sería poder compatibilizar al máximo los intereses enfrentados a partir de entender la resolución de conflictos como la posibilidad de abrir una puerta blindada con el desconocimiento previo de la llave exacta que puede ayudarnos a dicho efecto.
Cambrils, octubre 2003
el conflicto es un elemento natural en las relaciones humanas;
no tiene porque significar estrictamente algo negativo, es más bien una realidad con la cual nos ha tocado vivir;
generalmente se enmarca dentro de un proceso más amplio y pluridimensional;
la confrontación de objetivos o intereses de que hablamos puede exteriorizarse o no;
no equivale “per se” a violencia;
nunca se puede considerar aisladamente por su propia complejidad.
Vivimos pues en constante conflicto tanto a nivel personal como a nivel asociativo, aunque no debemos permitir por ello que se esos conflictos se engrandezcan o puedan llegar a poner en peligro nuestra propia integridad o la relación pacífica de que gozamos con nuestros vecinos. Existe una doctrina científica que se ocupa de estudiar el conflicto, como hay otras doctrinas que se ocupan de entender el comportamiento humano o las relaciones humanas en sí mismas. Concretamente existe una rama de la mencionada doctrina que estudia el método para analizar los conflictos, fase previa a la gestión o a la transformación de éstos.
Podemos afirmar que del análisis del conflicto dependerá la estrategia de intervención, en el caso de que se pretendan aminorar o erradicar las incompatibilidades de intereses. Luego existen básicamente dos tipos de motivaciones respecto al conflicto: se puede intentar ir a la raíz con el objetivo de solucionarlo o simplemente se puede decidir meter un parche al problema causante de la discordia, o lo que es lo mismo, se puede aspirar a terminar con el conflicto o simplemente se puede intervenir con el objetivo de atenuar sus efectos.
Para solucionar de forma efectiva un conflicto, generalmente se deben haber ganado muchas batallas en el transcurso de un largo camino. El conflicto puede visualizarse como una carrera de obstáculos. Para llegar a la meta o al final del camino estamos obligados a superar dichos obstáculos uno tras otro, empezando por el primero y terminando por el último. Ésta es la visión menos compleja de un conflicto que discurre en una lógica lineal, pero también puede darse el caso, efectivamente, en el que se produzca el conocido “efecto Alzamora”, o lo que es lo mismo, el caso del motociclista que es capaz de proclamarse Campeón del Mundo de Motociclismo en su cilindrada sin haber ganado anteriormente ningún Gran Premio durante toda la temporada. En el primer caso lo que prevalecerá será la perspicacia y el esfuerzo constante del atleta, y en el segundo convendrá ser mucho más sutil e inteligente con una programación a largo plazo gracias a la regularidad calculada. En ningún caso deberemos olvidar el mensaje extraído de la parábola de la tortuga y la liebre.
La realidad de los conflictos siempre supera a cualquier análisis previo posible por lo que se deberá estar preparado para cualquier tipo de imprevisto o sorpresa de última hora. El conflicto en sí resulta un cúmulo de oportunidades por lo que nos será imposible cerrar conceptualmente la situación determinada en el momento en que aún no hayamos decidido enfrentarnos a la misma.
Desde el punto de vista hasta ahora formulado se debería apostar rotundamente por un esfuerzo centrado en deslumbrar las raíces de cada situación, ya que de identificarse, éstas nos ayudarían a darnos cuenta en su coincidencia a lo largo de la historia y en sus diferentes contextos internacionales. Entonces es cuando podemos actuar mediante la prevención. Creemos, algunos, que más de las dos terceras partes de los conflictos internacionales responden a unas coordenadas de exclusión económica o, al menos, esas coordenadas son una de las partes fundamentales de dichos conflictos. Hoy en día, se considera que todos los conflictos son multicausales, a lo que debemos añadir la influencia que sobre los conflictos ejercen tanto la ubicación geográfica, como la historia o la cultura del mismo. El hambre, como dice el Premio Nóbel de la Pez Alfredo Pérez Esquivel, representa una de las peores violencias que se producen en el mundo, y al respecto existen muchas medidas posibles encaminadas a paliar el sufrimiento de grandes sectores de la población. Sin ninguna duda, una sociedad más justa y con unos recursos económicos mejor redistribuidos, se convertiría en una sociedad con menor probabilidad de conflicto. De la misma forma que ante un frenazo en la carrera de armamentos y la puesta en duda de los soportes culturales que contribuyen a que exista una “mitomanía sobre la figura del guerrero”, el conflicto podría quedar tan sólo en una discusión acalorada sobre cualquier punto en desencuentro.
La regla máxima del analista en conflictos podría resultar hacer un buen uso de su capacidad para fragmentar. En este contexto existen tres elementos centrales a desagregar dentro de cualquier hipotético conflicto. Cuánto a los ACTORES, deberemos saber identificar a los grupos y personas involucradas en una primera fase, para más tarde procurar entender la percepción que del problema suscitado tienen los mismos. De ahí que hablemos siempre sobre la necesidad de realizar ejercicios destinados a promover la empatía; o sea, la capacidad de meterse en la piel del prójimo. El segundo elemento a considerar en un conflicto es el PROCESO. Nos referimos al proceso como parte de la dinámica del conflicto bajo observación. Por ejemplo, un hecho que podría derivar en conflicto latente podría tratarse en un momento dado de un eslabón perdido que formase parte realmente de un ciclo mucho más grande. Finalmente, deberemos describir el PROBLEMA. Hablamos de delimitar temas y asuntos que nos incumben; poner en claro los intereses afectados; y, concretar las necesidades básicas de las partes enfrentadas. Paralelamente a lo dicho deberíamos tratar de clasificar el origen, la estructura y la magnitud del problema base. Para realizar un buen análisis de conflictos hacen falta, sin duda, dos recursos indispensables como son la definición y la comprensión. Una vez definida la problemática, teniendo en cuenta un balance de los recursos existentes y utilizables para gestionar, solucionar o transformar el conflicto, deberemos emprender la hazaña de comprender en el sentido amplio de la palabra.
Como decíamos anteriormente, en esta estancia deberíamos comprender en el sentido de saber apreciar cuál puede ser el mayor nivel de negociación asociado a la cultura de un conflicto. Creemos que esto debe ser irreversible: un conflicto construye una cultura alrededor suyo que es parte, a su vez, de la cultura de un pueblo, que, al mismo tiempo, puede sufrir dicha situación desde fechas inmemoriables. Entonces resulta de vital importancia el hecho de poder aproximarse a las diferentes culturas del conflicto; observar cómo se discute o cómo se pelea entre las partes; y, de todo ello, aprender. Tanto la técnica que nos pueda servir en la construcción de nuestro análisis cómo la experiencia acumulada en la constatación de la vida cotidiana de los hechos, y más específicamente en este caso, nuestro acercamiento real y físico, a las zonas abiertas de conflicto, nos podrán ayudar mucho a la hora de dar en el clavo en la interpretación de la realidad. Es precisamente en este punto donde nos hallamos ante uno de los episodios más difíciles dentro del trabajo relacionado con los conflictos: ¿cómo debemos empezar a tratar el tema en el terreno? No en vano la respuesta a esta pregunta formaría parte de otro episodio de nuestro cuento.
Para finalizar mis reflexiones sobre el conflicto y su análisis, no me quedaría más que parafrasear a uno de los más insignes sabios sobre la resolución de conflictos, Jean Paul Lederach: “el conflicto debe plantearse según dilemas o según contradicciones, siendo preferible el primer camino”. Volviendo a los ejemplos antes citados, nuestro objetivo irrenunciable como analistas debería ser convertirnos en Campeones del Mundo en la Resolución de Conflictos sin renunciar nunca a ganar también algún Gran Premio, que es la forma de ganar bien y con holgura. El ideal nuestro sería poder compatibilizar al máximo los intereses enfrentados a partir de entender la resolución de conflictos como la posibilidad de abrir una puerta blindada con el desconocimiento previo de la llave exacta que puede ayudarnos a dicho efecto.
Cambrils, octubre 2003
miércoles, 8 de octubre de 2008
DÁNDOLE VUELTAS AL TEMA DE LA GUERRA DE IRAK
“Open your eyes and read between the lines” (graffiti callejero)
Los griegos, los romanos y los franceses de la segunda mitad del S.XVIII sufrieron el mal de la demagogia. Por poner sólo un ejemplo, hace mucho tiempo ya Sócrates cargaba contra los filósofos sofistas, “que hablaban mucho y decían poco”, y que, en definitiva, lograban convencer o engañar, según la opción interpretativa que se prefiera escoger. Sobre cualquier hecho histórico o sobre cualquier tema intelectual existen dos maneras de reaccionar: de manera convencida y doctrinaria, por un lado; o de manera crítica, por el otro. Deberíamos estar de acuerdo en que la esencia del demagogo reside dentro de su propia mente y radica fundamentalmente en su irresponsabilidad ante las ideas mismas que maneja y que seguramente no le pertenecen en autoría. Algunos defendemos que la responsabilidad ante el posicionamiento sobre cualquier evento debería partir de la propia visión crítica de las causas que lo provocan.
Tres civilizaciones baluartes del progreso en su época como fueron la Grecia de Pericles, la Roma de Julio César y la Francia del Rey Sol, sucumbieron ante la degeneración intelectual ocasionada por el fenómeno de la demagogia. ¿Cuál podría ser la lección aprendida para aplicarla a la historia de nuestros días? ¿Cómo se plasma cínicamente la demagogia en la sociedad en la que nos relacionamos? ¿Cúales son hoy en día nuestros demagogos favoritos o consentidos? Éstas son las tres preguntas básicas que deberíamos intentar responder sin tapujos.
Un mal síntoma de nuestra sociedad actual resulta precisamente citar a los grandes sabios griegos, olvidándonos al mismo tiempo de sus demagogos anteriormente mencionados. Ello nos hace caer, sin duda, en la narración de una historia dulce, mitómana, repleta de salves y glorias. Recientemente Saddam Hussein se ha convertido en uno de aquellos personajes que permanecerán en el recuerdo del principio del nuevo milenio. Si realizáramos una encuesta de opinión pública para conocer al mejor demagogo del mes o de la semana seguramente ganaría el antiguo presidente de Irak o quedaría inmediatamente por detrás de Osama Bin Laden, ambos por todos conocidos. Hussein o Bin Laden ganarían en las apuestas realizadas en cualquier rincón del mundo, de ello debemos estar prácticamente seguros, a excepción de su propio territorio identificativo, el mundo árabe-musulmán; allí ganarían puntos los Estados Unidos de América y su Presidente, G. Bush Jr., como principales falseadores de la realidad internacional que nos vemos acostumbrando a sufrir. Analicemos por un momento el porqué de esta cuestión.
Partimos ahora de la premisa que sólo bajo la delgada o gruesa cortina del poder se puede hacer uso a mayor escala, sin remordimiento alguno, con descaro y con alevosía, de ese instrumento retórico y maligno que representa la demagogia. Estados Unidos, por un lado, es el encargado de enviar un mensaje positivo sobre la sociedad y las relaciones políticas internacionales que vivimos debido principalmente a su condición de potencia económica y militar hegemónica. Una visión totalmente opuesta la representa Irak, punta de lanza en el juego por el dominio de los recursos petrolíferos en Oriente Medio.
Otra visión crítica, difícil de encontrar en la prensa diaria de nuestros países occidentales desarrollados, sobre la arrogancia estadounidense y la derrota aparente del mundo árabe-musulmán sería la siguiente: los Estados Unidos pretenden consolidar su hegemonía mediante la expansión de la teoría económica del neoliberalismo y la excusa jurídico-diplomática de la intervención militar en caso de peligro latente para la comunidad de habitantes del planeta. Eso significa un peligro de conflicto armado constante bajo la decisión unilateral del Presidente Bush de intervenir o perdonar. La fusión de corrientes centrífugas y centrípetas en el mundo en que vivimos se resume en el encontronazo entre el pretendido fin de la historia, victoria arrolladora de las tesis capitalistas y del pensamiento único, contra el resurgir de un sentimiento identatario exacerbado que constata en peligro su propia religión, civilización y comunidad de valores.
Jean Daniel, desde la tribuna que le ofrece Le Nouvel Observateur, afirmaba en un artículo que los Estados Unidos estaban cediendo iniciativa en el terreno global a otros actores emergentes que despiertan del letargo como pueden ser la Unión Europea, la inextinguible Madre Rusia o China. Quizás sea ésta una señal de esperanza en el objetivo de mantener un equilibrio multipolar en beneficio del cual debe expresarse la Asamblea General de las Naciones Unidas. La primera condición para un mejoramiento de la situación presente sería hacerse bien cargo de su enorme dificultad. Sólo esto nos llevaría a atacar el mal en los estratos hondos dónde verdaderamente se origina.
El Imperio que no es capaz de sumergirse continuamente en un análisis autocrítico y en un proceso de reforma radical no muestra afán real de aligerar y llevar más cómodamente las presiones que no cesan. La historia también nos cuenta que los Imperios no duran una eternidad y que sus errores acostumbran a pagarse. El más fuerte abusa, como se suele decir vulgarmente, hasta que le acaban creciendo los enanos, que, sin duda, pueden llegar a ser más crueles que su verdugo tradicional.
Acusar de demagogo podría resultar hoy en día el argumento más fácil cuando no se sabe qué responder a un adversario político en un foro democrático tal como el parlamentario. Esperemos, finalmente, que en todos los casos, la acusación de demagogia sea fundada, como creo que ocurre en el caso de Irak, y que la alternativa a la misma se muestre convincente. Sólo así y de forma continuadamente crítica se podrá salvar la humanidad en el siglo que viene. Ya que la demagogia, y eso vuelve a estar constatado, está irremediablemente instalada en nuestro sistema de gobernabilidad mundial.
(DICIEMBRE DE 2003)
Los griegos, los romanos y los franceses de la segunda mitad del S.XVIII sufrieron el mal de la demagogia. Por poner sólo un ejemplo, hace mucho tiempo ya Sócrates cargaba contra los filósofos sofistas, “que hablaban mucho y decían poco”, y que, en definitiva, lograban convencer o engañar, según la opción interpretativa que se prefiera escoger. Sobre cualquier hecho histórico o sobre cualquier tema intelectual existen dos maneras de reaccionar: de manera convencida y doctrinaria, por un lado; o de manera crítica, por el otro. Deberíamos estar de acuerdo en que la esencia del demagogo reside dentro de su propia mente y radica fundamentalmente en su irresponsabilidad ante las ideas mismas que maneja y que seguramente no le pertenecen en autoría. Algunos defendemos que la responsabilidad ante el posicionamiento sobre cualquier evento debería partir de la propia visión crítica de las causas que lo provocan.
Tres civilizaciones baluartes del progreso en su época como fueron la Grecia de Pericles, la Roma de Julio César y la Francia del Rey Sol, sucumbieron ante la degeneración intelectual ocasionada por el fenómeno de la demagogia. ¿Cuál podría ser la lección aprendida para aplicarla a la historia de nuestros días? ¿Cómo se plasma cínicamente la demagogia en la sociedad en la que nos relacionamos? ¿Cúales son hoy en día nuestros demagogos favoritos o consentidos? Éstas son las tres preguntas básicas que deberíamos intentar responder sin tapujos.
Un mal síntoma de nuestra sociedad actual resulta precisamente citar a los grandes sabios griegos, olvidándonos al mismo tiempo de sus demagogos anteriormente mencionados. Ello nos hace caer, sin duda, en la narración de una historia dulce, mitómana, repleta de salves y glorias. Recientemente Saddam Hussein se ha convertido en uno de aquellos personajes que permanecerán en el recuerdo del principio del nuevo milenio. Si realizáramos una encuesta de opinión pública para conocer al mejor demagogo del mes o de la semana seguramente ganaría el antiguo presidente de Irak o quedaría inmediatamente por detrás de Osama Bin Laden, ambos por todos conocidos. Hussein o Bin Laden ganarían en las apuestas realizadas en cualquier rincón del mundo, de ello debemos estar prácticamente seguros, a excepción de su propio territorio identificativo, el mundo árabe-musulmán; allí ganarían puntos los Estados Unidos de América y su Presidente, G. Bush Jr., como principales falseadores de la realidad internacional que nos vemos acostumbrando a sufrir. Analicemos por un momento el porqué de esta cuestión.
Partimos ahora de la premisa que sólo bajo la delgada o gruesa cortina del poder se puede hacer uso a mayor escala, sin remordimiento alguno, con descaro y con alevosía, de ese instrumento retórico y maligno que representa la demagogia. Estados Unidos, por un lado, es el encargado de enviar un mensaje positivo sobre la sociedad y las relaciones políticas internacionales que vivimos debido principalmente a su condición de potencia económica y militar hegemónica. Una visión totalmente opuesta la representa Irak, punta de lanza en el juego por el dominio de los recursos petrolíferos en Oriente Medio.
Otra visión crítica, difícil de encontrar en la prensa diaria de nuestros países occidentales desarrollados, sobre la arrogancia estadounidense y la derrota aparente del mundo árabe-musulmán sería la siguiente: los Estados Unidos pretenden consolidar su hegemonía mediante la expansión de la teoría económica del neoliberalismo y la excusa jurídico-diplomática de la intervención militar en caso de peligro latente para la comunidad de habitantes del planeta. Eso significa un peligro de conflicto armado constante bajo la decisión unilateral del Presidente Bush de intervenir o perdonar. La fusión de corrientes centrífugas y centrípetas en el mundo en que vivimos se resume en el encontronazo entre el pretendido fin de la historia, victoria arrolladora de las tesis capitalistas y del pensamiento único, contra el resurgir de un sentimiento identatario exacerbado que constata en peligro su propia religión, civilización y comunidad de valores.
Jean Daniel, desde la tribuna que le ofrece Le Nouvel Observateur, afirmaba en un artículo que los Estados Unidos estaban cediendo iniciativa en el terreno global a otros actores emergentes que despiertan del letargo como pueden ser la Unión Europea, la inextinguible Madre Rusia o China. Quizás sea ésta una señal de esperanza en el objetivo de mantener un equilibrio multipolar en beneficio del cual debe expresarse la Asamblea General de las Naciones Unidas. La primera condición para un mejoramiento de la situación presente sería hacerse bien cargo de su enorme dificultad. Sólo esto nos llevaría a atacar el mal en los estratos hondos dónde verdaderamente se origina.
El Imperio que no es capaz de sumergirse continuamente en un análisis autocrítico y en un proceso de reforma radical no muestra afán real de aligerar y llevar más cómodamente las presiones que no cesan. La historia también nos cuenta que los Imperios no duran una eternidad y que sus errores acostumbran a pagarse. El más fuerte abusa, como se suele decir vulgarmente, hasta que le acaban creciendo los enanos, que, sin duda, pueden llegar a ser más crueles que su verdugo tradicional.
Acusar de demagogo podría resultar hoy en día el argumento más fácil cuando no se sabe qué responder a un adversario político en un foro democrático tal como el parlamentario. Esperemos, finalmente, que en todos los casos, la acusación de demagogia sea fundada, como creo que ocurre en el caso de Irak, y que la alternativa a la misma se muestre convincente. Sólo así y de forma continuadamente crítica se podrá salvar la humanidad en el siglo que viene. Ya que la demagogia, y eso vuelve a estar constatado, está irremediablemente instalada en nuestro sistema de gobernabilidad mundial.
(DICIEMBRE DE 2003)
EL ARCHIPIÉLAGO DE LAS ISLAS CHAGOS
Durante la guerra reciente en Irak muchos de los aviones que bombardeaban su capital Bagdad despegaban desde unas pequeñas islas situadas en el Pacífico. Quizás haya llegado la hora de hacer aún más público este pequeño reportaje que salió por primera vez a la luz hace ya tres años, en abril del año 2000.
La historia del Archipiélago de las Islas Chagos representa el paradigma resumido de todos los vicios acumulados en los dos últimos siglos de la humanidad: colonialismo, genocidio cultural, desastre ecológico, carrera armamentística, emigración, catástrofe humanitaria, etc. A continuación se presenta la noticia de la existencia de un pueblo olvidado.
Hace un tiempo tuve la suerte de conocer a Jhingoor Baptiste, el Portavoz en Europa del Gobierno en el Exilio del Archipiélago de las Islas Ghagos. Quizás en un primer momento me pregunté si Jhingoor se trataba de un hindú de Surinam o de Tobago, de un malayo o de un punjabí, ya que nunca antes había oído hablar de su pueblo ni había visto raza igual, dicha sea la verdad. Fue él, sin duda, el que me convenció a elaborar este reportaje, después de una celebrísima discusión alrededor del fenómeno de la globalizacion y el predominio del imperio estadounidense.
El Archipiélago de las Islas Chagos cuenta aún hoy con unas sesenta y cinco islas dispersas siendo la más conocida de ellas Diego García. Esta isla de que hablamos fue descubierta por la flota portuguesa allá en el año 1532, cuando se encontraba a medio camino de culminar la ruta del Océano Índico que unía el Viejo Continente con la ciudad de Calcuta, bordeando el continente africano por el Cabo de Buenaesperanza.
A partir de 1776, y al igual que sucediera en las islas vecinas de Madagascar, Mauricio o las Seychelles, marinos franceses se instalarían en Chagos, a la vez que influirían de forma decisiva sobre su cultura. Sólo los británicos, en 1815, tras las guerras napoleónicas, pasaron a ser los nuevos inquilinos.
La cultura de la civilización de Chagos es milenaria aunque en la actualidad parezca haber caído en el pozo más profundo de la decadencia, debido, entre otras cosas, a los efectos perversos del colonialismo europeo. Los pobladores autóctonos de Chagos son llamados “ilois” y destacan, cómo pretendemos remarcar, por su procedencia remota, siempre a medio camino entre lo africano y lo oriental. Desde que los británicos se instalaran en Diego García mediante el British Indian Ocean Territory entendieron perfectamente la posible importancia estratégica futura del peñón ocupado.
La isla de Diego García se divide en dos áreas marcadamente diferenciadas. En su parte occidental, los británicos instalaron desde un buen principio una base de tránsito para su flota naval que hoy se ha convertido en una moderna y desconocida zona de uso exclusivamente bélico en la que destacan un centro de aprovisionamiento de aviones B-52, y unas tropas que suman aproximadamente diez mil soldados en su gran mayoría estadounidenses. Y es que en 1961, el Reino Unido alquiló Diego García al Ejército de los Estados Unidos de América, por una elevada cuantía económica y un período de cincuenta años de explotación.
En el marco de la Guerra Fría, bajo tutela de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), Diego García se convirtió en una Base de Fuerzas de Actuación Rápida (Rapid Development Forces), en una área geográficamente determinante para las próximas centurias de vida humana, más concretamente a mil quinientas cincuenta millas del sur de la península india, a medio camino entre el África Austral e Indonesia.
La parte oriental de la isla sólo puede ser accesible as través de una puerta blindada, protegida por unos soldados británicos que permiten recordar todavía cuál es la verdadera soberanía del territorio. Una vez allí, se puede apreciar un paisaje desolado compuesto por las antiguas cabañas de los indígenas ilois, hoy abandonadas, y un ecosistema en peligro extremo ocasionado por el turismo exótico de élite que se ha promovido y del cual sólo tienen conocimiento algunos multimillonarios anglófonos. El mar, otrora suave y cristalino, yace contaminado por la polución mercante.
En total, son unos seis mil los ilois que han emigrado en los últimos cuarenta años a Mauricio, mil más a las Seychelles y otros dos cientos repartidos entre las islas vecinas. El Gobierno en el Exilio del Archipiélago de las Islas Chagos reside en Port Louis, capital de Mauricio, encabezado por su presidente, Ferdinand Mandarín, a su vez asesorado por el abogado defensor de derechos humanos, Hervé Lassemillante. Mientras el Reino Unido alquilaba y vendía la isla a militares y turistas, a más de setecientos ilois les fué prohibido regresar a su tierra mediante la Immigration Act. El Presidente del Comitñe Chagosiano, el mismo Ferdinand Mardarín, protestó enérgicamente hace tres años ante una situación que no respeta ni la Declaración Universal ni la Carta Africana de Derechos Humanos. Tan sólo después de una campaña activa de protesta en la que se vieron involucrados el sistema de Naciones Unidas y la Organización de Estados Africanos, el máximo comandante de la Royal Navy en Chagos, Almirante Jackson, accedió a que los miembros del gobierno chagosiano pudieran visitar los lugares sagrados en los que reposaban durante décadas sus ancestros.
A partir de diferentes acciones de protesta en Europa y Mauricio, lugar dónde se encuentra la embajada británica más próxima a Chagos, y la aparición en algunos medios de comunicación escritos africanos (Le Mauricien), alemanes (Frankfurtes Rundschau), franceses y noruegos, a finales del año 2000 los cancilleres de asuntos exteriores alemán y británico, Joschka Fischer y Robin Cook, respectivamente, así como la propia Comisión Europea, se interesaron por las perspectivas de solución en el conflicto encubierto.
Bajo el grito de “Give us back our land”, cientos de ilois se manifiestan en estos días y reclaman que les sea concedida la libertad de regresar a sus antiguos domicilios, unos cuarenta años después de que fueran forzosamente desalojados.
Cambrils, julio de 2003
La historia del Archipiélago de las Islas Chagos representa el paradigma resumido de todos los vicios acumulados en los dos últimos siglos de la humanidad: colonialismo, genocidio cultural, desastre ecológico, carrera armamentística, emigración, catástrofe humanitaria, etc. A continuación se presenta la noticia de la existencia de un pueblo olvidado.
Hace un tiempo tuve la suerte de conocer a Jhingoor Baptiste, el Portavoz en Europa del Gobierno en el Exilio del Archipiélago de las Islas Ghagos. Quizás en un primer momento me pregunté si Jhingoor se trataba de un hindú de Surinam o de Tobago, de un malayo o de un punjabí, ya que nunca antes había oído hablar de su pueblo ni había visto raza igual, dicha sea la verdad. Fue él, sin duda, el que me convenció a elaborar este reportaje, después de una celebrísima discusión alrededor del fenómeno de la globalizacion y el predominio del imperio estadounidense.
El Archipiélago de las Islas Chagos cuenta aún hoy con unas sesenta y cinco islas dispersas siendo la más conocida de ellas Diego García. Esta isla de que hablamos fue descubierta por la flota portuguesa allá en el año 1532, cuando se encontraba a medio camino de culminar la ruta del Océano Índico que unía el Viejo Continente con la ciudad de Calcuta, bordeando el continente africano por el Cabo de Buenaesperanza.
A partir de 1776, y al igual que sucediera en las islas vecinas de Madagascar, Mauricio o las Seychelles, marinos franceses se instalarían en Chagos, a la vez que influirían de forma decisiva sobre su cultura. Sólo los británicos, en 1815, tras las guerras napoleónicas, pasaron a ser los nuevos inquilinos.
La cultura de la civilización de Chagos es milenaria aunque en la actualidad parezca haber caído en el pozo más profundo de la decadencia, debido, entre otras cosas, a los efectos perversos del colonialismo europeo. Los pobladores autóctonos de Chagos son llamados “ilois” y destacan, cómo pretendemos remarcar, por su procedencia remota, siempre a medio camino entre lo africano y lo oriental. Desde que los británicos se instalaran en Diego García mediante el British Indian Ocean Territory entendieron perfectamente la posible importancia estratégica futura del peñón ocupado.
La isla de Diego García se divide en dos áreas marcadamente diferenciadas. En su parte occidental, los británicos instalaron desde un buen principio una base de tránsito para su flota naval que hoy se ha convertido en una moderna y desconocida zona de uso exclusivamente bélico en la que destacan un centro de aprovisionamiento de aviones B-52, y unas tropas que suman aproximadamente diez mil soldados en su gran mayoría estadounidenses. Y es que en 1961, el Reino Unido alquiló Diego García al Ejército de los Estados Unidos de América, por una elevada cuantía económica y un período de cincuenta años de explotación.
En el marco de la Guerra Fría, bajo tutela de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), Diego García se convirtió en una Base de Fuerzas de Actuación Rápida (Rapid Development Forces), en una área geográficamente determinante para las próximas centurias de vida humana, más concretamente a mil quinientas cincuenta millas del sur de la península india, a medio camino entre el África Austral e Indonesia.
La parte oriental de la isla sólo puede ser accesible as través de una puerta blindada, protegida por unos soldados británicos que permiten recordar todavía cuál es la verdadera soberanía del territorio. Una vez allí, se puede apreciar un paisaje desolado compuesto por las antiguas cabañas de los indígenas ilois, hoy abandonadas, y un ecosistema en peligro extremo ocasionado por el turismo exótico de élite que se ha promovido y del cual sólo tienen conocimiento algunos multimillonarios anglófonos. El mar, otrora suave y cristalino, yace contaminado por la polución mercante.
En total, son unos seis mil los ilois que han emigrado en los últimos cuarenta años a Mauricio, mil más a las Seychelles y otros dos cientos repartidos entre las islas vecinas. El Gobierno en el Exilio del Archipiélago de las Islas Chagos reside en Port Louis, capital de Mauricio, encabezado por su presidente, Ferdinand Mandarín, a su vez asesorado por el abogado defensor de derechos humanos, Hervé Lassemillante. Mientras el Reino Unido alquilaba y vendía la isla a militares y turistas, a más de setecientos ilois les fué prohibido regresar a su tierra mediante la Immigration Act. El Presidente del Comitñe Chagosiano, el mismo Ferdinand Mardarín, protestó enérgicamente hace tres años ante una situación que no respeta ni la Declaración Universal ni la Carta Africana de Derechos Humanos. Tan sólo después de una campaña activa de protesta en la que se vieron involucrados el sistema de Naciones Unidas y la Organización de Estados Africanos, el máximo comandante de la Royal Navy en Chagos, Almirante Jackson, accedió a que los miembros del gobierno chagosiano pudieran visitar los lugares sagrados en los que reposaban durante décadas sus ancestros.
A partir de diferentes acciones de protesta en Europa y Mauricio, lugar dónde se encuentra la embajada británica más próxima a Chagos, y la aparición en algunos medios de comunicación escritos africanos (Le Mauricien), alemanes (Frankfurtes Rundschau), franceses y noruegos, a finales del año 2000 los cancilleres de asuntos exteriores alemán y británico, Joschka Fischer y Robin Cook, respectivamente, así como la propia Comisión Europea, se interesaron por las perspectivas de solución en el conflicto encubierto.
Bajo el grito de “Give us back our land”, cientos de ilois se manifiestan en estos días y reclaman que les sea concedida la libertad de regresar a sus antiguos domicilios, unos cuarenta años después de que fueran forzosamente desalojados.
Cambrils, julio de 2003
viernes, 3 de octubre de 2008
CHIAPAS SIGUE SIENDO TIERRA DE MAYAS EN EL DIA DE LAS ELECCIONES MEXICANAS
Siempre he defendido la tesis que dice que la actualidad de Chiapas, desde hace ya más de dos décadas, debe entenderse en el contexto de revoluciones y guerras civiles en Centroamérica. El Subcomandante Marcos mismo y algunos de sus apoyos aprendieron y leyeron sobre Cuba, estuvieron en alguna ocasión en Guatemala, El Salvador o Nicaragua, a la vez que fracasaron en sus intentos de cambiar el orden económico y social de la región en los años sesenta, setenta y ochenta, respectivamente. Johann Galtung, maestro del análisis y resolución de conflictos bélicos contemporáneos, comentaba hace tiempo la posibilidad de crear una Confederación de los Indios Mayas de América Central como superación de la frustración y marginación indígena. Eso sería con el permiso de los Estados implicados, de México a El Salvador o Nicaragua, dotando de cierta autonomía política común a los representantes de ciertas reivindicaciones que son propiedad de gran parte de la población durmiente de dicha latitud.
El ejemplo de Guatemala dónde ha gobernado desde su independencia una oligarquía blanca frente al pueblo olvidado y desasistido no deja de ser más que deplorable. Lo mismo ocurrió desde siempre en Bolivia, y hoy día el Presidente Morales, líder de los que hace años no votaban ni contaban en las contiendas electorales, está decidido a refundar el país al estilo de lo que hicieron en su momento Fidel Castro y Hugo Chávez. La estrategia, por su parte, resulta clara: por un lado hay que volver a hacerse con el control de la producción derivada de la riqueza natural que se llegó a regalar al capitalismo extranjero; por el otro costado se pretende construir las bases de un sistema político alternativo, partiendo desde cero, eliminando los antiguos privilegios y rebautizando sus instituciones democráticas de gobierno. Los dos puntales de la nueva doctrina izquierdista latinoamericana se ven atacados, evidentemente, y ellos mismos se ven comprometidos en la praxis, por la delgada línea roja que separan sus intenciones con la manera de implementarlas bajo un estilo de lideraje tildado de dictatorial y populista, del cual también siempre debemos prevenirnos.
Pero volvamos irremediablemente a Chiapas, que es la última revolución de todo un continente americano arrojado al cambio obligado. Si Cuba aún “aguanta” (en el sentido pleno de la palabra), y Nicaragua dejó perder los logros derivados de la primera presencia sandinista, hoy día extinguindos en la nada, Chiapas y México pueden convertirse en el laboratorio centroamericano de otras cosas que ya se dan en el hemisferio sur. Marcos sintoniza, sin duda, con Chávez y Morales, mientras que López Obrador se entiende con Lula da Silva. Cada par se ha discutido y se ha enfrentado a cada par, aunque todos ellos coincidan en sus ansias de terminar con la perversión del sistema y priorizar la voz de los más indefensos. Sólo cambiarían el método y las maneras, como decíamos.
Volvamos a matizar: sólo el norte de México pertenece a Norteamérica, si prescindimos de criterios estrictamente geográficos. Allá dónde viven mis amigos de Monterrey, Paco, Sergio y Omar, nada tiene que ver con el sureste paupérrimo del país. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, sumado al Plan Puebla Panamá, resulta ser la respuesta neoliberal de homogeneización y control de la región, dando infraestructura a cambio de eliminar resistencias y crear nuevas dependencias.
La historia americana nos cuenta que sus primeros pobladores tradicionalmente se arman de paciencia y ceden, algo que les aproxima a la civilización oriental, hasta que deciden ellos mismo explotar de rabia e incomprensión. No resisten, en un principio; más bien esperan el momento más crítico a sus intereses para alzar la voz y las armas. Observemos con diligencia, pues, qué pasa y qué puede pasar con estos pueblos originarios en los próximos años porque, se sabe, ellos ya están construyendo su alianza transfronterera, como otras muchas resistencias a nivel global. Lo que significa, en otras palabras, que se comunican y se reúnen, desde hace un tiempo hacia acá, los aymara de Bolivia con los mayas de Chiapas, junto a otros muchos grupos, estando de acuerdo en el estudio de la situación y apoyándose mutuamente en su contraofensiva.
La Revolución Cubana de 1959 y los alzamientos centroamericanos especificados en la fecha en que el sandinismo llegó al poder en Nicaragua, veinte años después, en 1979, tienen su continuidad en la revuelta zapatista que entra en la era de la postmodernidad. En unos sitios gana Zapata, que es a su vez Chávez y Morales, y en otros gana Lula o López Obrador, si es que gana. Allá dónde no quedan o casi no quedan indígenas, existe un problema menos y el capital avanza; allá dónde quedan indígenas, éstos yacen abandonados, vilipendiados y hambrientos esperando soluciones. A los indios, a los campesinos y a los pobres latinoamericanos, en general, aún no se les respeta suficientemente su existencia, que ellos están dispuestos a proclamar, reclamar y enaltecer. Si hace falta con sangre y dolor.
JULIOL 2006
El ejemplo de Guatemala dónde ha gobernado desde su independencia una oligarquía blanca frente al pueblo olvidado y desasistido no deja de ser más que deplorable. Lo mismo ocurrió desde siempre en Bolivia, y hoy día el Presidente Morales, líder de los que hace años no votaban ni contaban en las contiendas electorales, está decidido a refundar el país al estilo de lo que hicieron en su momento Fidel Castro y Hugo Chávez. La estrategia, por su parte, resulta clara: por un lado hay que volver a hacerse con el control de la producción derivada de la riqueza natural que se llegó a regalar al capitalismo extranjero; por el otro costado se pretende construir las bases de un sistema político alternativo, partiendo desde cero, eliminando los antiguos privilegios y rebautizando sus instituciones democráticas de gobierno. Los dos puntales de la nueva doctrina izquierdista latinoamericana se ven atacados, evidentemente, y ellos mismos se ven comprometidos en la praxis, por la delgada línea roja que separan sus intenciones con la manera de implementarlas bajo un estilo de lideraje tildado de dictatorial y populista, del cual también siempre debemos prevenirnos.
Pero volvamos irremediablemente a Chiapas, que es la última revolución de todo un continente americano arrojado al cambio obligado. Si Cuba aún “aguanta” (en el sentido pleno de la palabra), y Nicaragua dejó perder los logros derivados de la primera presencia sandinista, hoy día extinguindos en la nada, Chiapas y México pueden convertirse en el laboratorio centroamericano de otras cosas que ya se dan en el hemisferio sur. Marcos sintoniza, sin duda, con Chávez y Morales, mientras que López Obrador se entiende con Lula da Silva. Cada par se ha discutido y se ha enfrentado a cada par, aunque todos ellos coincidan en sus ansias de terminar con la perversión del sistema y priorizar la voz de los más indefensos. Sólo cambiarían el método y las maneras, como decíamos.
Volvamos a matizar: sólo el norte de México pertenece a Norteamérica, si prescindimos de criterios estrictamente geográficos. Allá dónde viven mis amigos de Monterrey, Paco, Sergio y Omar, nada tiene que ver con el sureste paupérrimo del país. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, sumado al Plan Puebla Panamá, resulta ser la respuesta neoliberal de homogeneización y control de la región, dando infraestructura a cambio de eliminar resistencias y crear nuevas dependencias.
La historia americana nos cuenta que sus primeros pobladores tradicionalmente se arman de paciencia y ceden, algo que les aproxima a la civilización oriental, hasta que deciden ellos mismo explotar de rabia e incomprensión. No resisten, en un principio; más bien esperan el momento más crítico a sus intereses para alzar la voz y las armas. Observemos con diligencia, pues, qué pasa y qué puede pasar con estos pueblos originarios en los próximos años porque, se sabe, ellos ya están construyendo su alianza transfronterera, como otras muchas resistencias a nivel global. Lo que significa, en otras palabras, que se comunican y se reúnen, desde hace un tiempo hacia acá, los aymara de Bolivia con los mayas de Chiapas, junto a otros muchos grupos, estando de acuerdo en el estudio de la situación y apoyándose mutuamente en su contraofensiva.
La Revolución Cubana de 1959 y los alzamientos centroamericanos especificados en la fecha en que el sandinismo llegó al poder en Nicaragua, veinte años después, en 1979, tienen su continuidad en la revuelta zapatista que entra en la era de la postmodernidad. En unos sitios gana Zapata, que es a su vez Chávez y Morales, y en otros gana Lula o López Obrador, si es que gana. Allá dónde no quedan o casi no quedan indígenas, existe un problema menos y el capital avanza; allá dónde quedan indígenas, éstos yacen abandonados, vilipendiados y hambrientos esperando soluciones. A los indios, a los campesinos y a los pobres latinoamericanos, en general, aún no se les respeta suficientemente su existencia, que ellos están dispuestos a proclamar, reclamar y enaltecer. Si hace falta con sangre y dolor.
JULIOL 2006
lunes, 29 de septiembre de 2008
UN MÓN COMPLEX QUE ÉS EL DILEMA EXISTENT ENTRE DAVOS I PORTO ALEGRE
Fins que no vaig assistir a la tercera edició del Fòrum Social Mundial celebrat a Porto Alegre segurament no vaig poder entendre del tot la divisió d’interessos que es planteja a nivell planetari que provoca, a la seva vegada, la no existència d'un Davos sense Porto Alegre, i al contrari.
Resulta que Brasil és un país tan gran que vàrem necessitar 18 hores per arribar de Sao Paulo a Porto Alegre, en bus, és clar. La mateixa Sao Paulo, on vaig residir a casa del meu bon amic Alexandre Bonilha, és una ciutat de prop de 20 milions d’habitants (l’urbs més gran d’Amèrica Llatina per davant de Mèxic Districte Federal) que barreja un gran centre financer i residencial per la gent rica (representat pel Parc Ibirapuera i per l’Avinguda Paulista) amb tot un conjunt de barris marginals (constituïts per les anomenades favelas) que toquen als rius Tiete i Tamunduatei que la travessen. Fins aquell viatge, com deia, havia conegut els països del benestar europeu i alguns països pobres d’Amèrica Llatina; a Brasil, i a Sao Paulo, més específicament, vaig conèixer la gran diferència existent, però, entre realitats perillosament properes. Brasil, com a país; Sao Paulo, com a gran concentració urbana; i, Porto Alegre, com a focus aglutinador d’alternatives, em semblen la millor metàfora de les dues cares d'una mateixa moneda que és un món en què vivim i avança sense remei, cada vegada més complex i més perillosament injust, on queda poc espai per la construcció de possibilismes més optimistes, d’altra banda imprescindibles.
Per Porto Alegre, durant dues setmanes, varen passejar-se i vàrem poder escoltar gent de tots els continents i de totes les condicions moguda per la lluita individual de la seva causa; em varen sorprendre, entre d’altres, Emir Sader, Candido Grzybowski, Fernando Hadad o István Maszaros, als quals no estem acostumats a escoltar en els canals més acomodats dels mitjans de comunicació dels països del Nord; de la mateixa manera vaig aprendre del que em varen oferir els històrics autòctons, també poc publicitats fora de les seves fronteres, com poden ser Carlos Drummond de Andrade, Celso Furtado, Chico Mendes, Helder Camara, Frei Betto o Oscar Niemayer, que enllacen amb la millor tradició portuguesa de Luis de Camoes, Gil Vicente, Fernando Pessoa, Eça de Quirós o José Saramago. Les camises vermelles de l’italià Giuseppe Garibaldi liderant la Revolta dos Farrapos (que, per cert, té lloc al mateix Porto Alegre; ciutat on predominen els hereus de famílies italianes i espanyoles), tenen la seva influència sobre el Brasil modern que coneixem al mateix nivell que la història d’Emerson Fittipaldi o Ailtorn Senna.
En una ciutat com Sao Paulo i en un país com Brasil es poden entendre, per exemple, millor que a cap altre lloc del món, personatges com Elias Canetti (escritor búlgar, hereu dels jueus sefardites espanyols que varen passar a Turquia, a la vegada ell ciutadà de Zúrich i Vienna); Herman Hesse (alemany de Heidelberg, naturalitzat suís, i pacifista); Sant Ignasi de Loiola (fundador de la Companyia de Jesús, nascut a Azpeitia, Guipúscoa, País Basc, col.laborador amb la cort i l’exèrcit castellà); i un llarg etcètera. En grans indrets cosmopolites no importa tant la procedència com la transcendència. El gran novelista hispà Julio Cortázar, cal saber-ho i subratllar-ho, va néixer a Bèlgica, com Borges ho va fer a Suïssa i Carlos Gardel a França. Resulta, sempre i novament, l’anada i tornada d’Europa a Amèrica, i viceversa, com a font d’inspiració de fenòmens universals. Els il.lustrats i conqueridors, es barregen amb els indígenes i els artistes, des dels temps pretèrits de l’Inca Garcilaso, al Perú. El món aquí és més global i real que arreu. Segueixo pensant: Marguerite Duras neix i viu divuit anys a Vietnam (alguna cosa voldrà significar aquest destí de la vida!); Albert Camus seria tan argelí com Zinedine Zidane és francès avui dia; Maurice Ravel escriví la Rapsodia Espanyola; i, Berlioz i Bizet es varen trobar amb Carmen. Doncs aquest món de Sao Paulo o de Mèxic D.F., cada vegada més el de París, Londres i Barcelona, és el món que ens espera. La globalització és la universalització de totes les tendències i influències a tots els nivells, però el més important és l’humà, el personal i el civilitzatori, que és el planetari.
Lula Da Silva aquell any de la meva visita al Brasil va voler fer un míting multitudinari davant dels joves i revolucionaris campistes de la capital de Rio Grande do Sul, al mateix temps que dies després volgué estar present com a cap d’una gran nació a la trobada dels vips de Davos. En ambdues tribunes Lula va repetir que Davos necessitava escoltar amb més atenció a Porto Alegre. De la mateixa manera, ell sabia que havia d’endegar el Programa Fome Zero, per portar aliments bàsics als racons més pobres del territori del seu govern, tot pactant amb multinacionals, altres vegades menys piadoses com pot ser la mateixa Nestlé. Això vol dir que la complexitat és tal que només ens queda assumir un realisme essencialista a partir de l’anàlisi des del qual podem crear estratègies comunes per apaivagar els efectes perversos del creixement de la maquinària capitalista uniformadora. “Els rics cada vegada més rics, i els pobres cada vegada més pobres”, fa que a aquests últims no els hàgim de poder deixar defallir per definició aritmètica.
D’altra banda, el Japatown de Sao Paulo em torna a venir a la memòria com a exemple d’allò que no es pot aturar, com és la mateixa definició multiètnica i multicultural del Brasil. També, en el bo i en el dolent, hem d’acceptar que la model Gisele Buendchen es tan brasileira com Pelé, sense assemblar-se pas gaire. El país que va arribar a governar Jascelino Kubitschek, exil.lat txec, resident a Minais Gerais, fundador de Brasília, la capital artificial per excel.lència, és pobre i ric a la vegada, al mateix temps que la seva pluralitat és tan oberta i gegant que no es pot deixar d’acceptar sense matisos, ni positius ni negatius.
El món és Davos i és Porto Alegre, com és Buendchen i Pelé, com és un gratacel amb heliport i una favela sense aigua potable. N’hem de ser conscients, hem d’obrir més encara els ulls, ampliar els horitzons dels nostres pensaments i possibilitar polítiques de reforma estructural sense vessar ni una gota de sang ni cap llàgrima de dolor. Dificilment comprensible, difícilment habitable, bojament encarrilat, però som vius i existim a la fi (els que podem), llavors ens toca viure-hi... de la millor manera possible, èticament parlant, és clar, i, sobretot pel que respecta a la dignitat que ens fa certament lliures. Sense deixar-ho estar, sempre críticament, i sense anar cap endarrera del que és provocat per la pròpia naturalesa de les coses.
Resulta que Brasil és un país tan gran que vàrem necessitar 18 hores per arribar de Sao Paulo a Porto Alegre, en bus, és clar. La mateixa Sao Paulo, on vaig residir a casa del meu bon amic Alexandre Bonilha, és una ciutat de prop de 20 milions d’habitants (l’urbs més gran d’Amèrica Llatina per davant de Mèxic Districte Federal) que barreja un gran centre financer i residencial per la gent rica (representat pel Parc Ibirapuera i per l’Avinguda Paulista) amb tot un conjunt de barris marginals (constituïts per les anomenades favelas) que toquen als rius Tiete i Tamunduatei que la travessen. Fins aquell viatge, com deia, havia conegut els països del benestar europeu i alguns països pobres d’Amèrica Llatina; a Brasil, i a Sao Paulo, més específicament, vaig conèixer la gran diferència existent, però, entre realitats perillosament properes. Brasil, com a país; Sao Paulo, com a gran concentració urbana; i, Porto Alegre, com a focus aglutinador d’alternatives, em semblen la millor metàfora de les dues cares d'una mateixa moneda que és un món en què vivim i avança sense remei, cada vegada més complex i més perillosament injust, on queda poc espai per la construcció de possibilismes més optimistes, d’altra banda imprescindibles.
Per Porto Alegre, durant dues setmanes, varen passejar-se i vàrem poder escoltar gent de tots els continents i de totes les condicions moguda per la lluita individual de la seva causa; em varen sorprendre, entre d’altres, Emir Sader, Candido Grzybowski, Fernando Hadad o István Maszaros, als quals no estem acostumats a escoltar en els canals més acomodats dels mitjans de comunicació dels països del Nord; de la mateixa manera vaig aprendre del que em varen oferir els històrics autòctons, també poc publicitats fora de les seves fronteres, com poden ser Carlos Drummond de Andrade, Celso Furtado, Chico Mendes, Helder Camara, Frei Betto o Oscar Niemayer, que enllacen amb la millor tradició portuguesa de Luis de Camoes, Gil Vicente, Fernando Pessoa, Eça de Quirós o José Saramago. Les camises vermelles de l’italià Giuseppe Garibaldi liderant la Revolta dos Farrapos (que, per cert, té lloc al mateix Porto Alegre; ciutat on predominen els hereus de famílies italianes i espanyoles), tenen la seva influència sobre el Brasil modern que coneixem al mateix nivell que la història d’Emerson Fittipaldi o Ailtorn Senna.
En una ciutat com Sao Paulo i en un país com Brasil es poden entendre, per exemple, millor que a cap altre lloc del món, personatges com Elias Canetti (escritor búlgar, hereu dels jueus sefardites espanyols que varen passar a Turquia, a la vegada ell ciutadà de Zúrich i Vienna); Herman Hesse (alemany de Heidelberg, naturalitzat suís, i pacifista); Sant Ignasi de Loiola (fundador de la Companyia de Jesús, nascut a Azpeitia, Guipúscoa, País Basc, col.laborador amb la cort i l’exèrcit castellà); i un llarg etcètera. En grans indrets cosmopolites no importa tant la procedència com la transcendència. El gran novelista hispà Julio Cortázar, cal saber-ho i subratllar-ho, va néixer a Bèlgica, com Borges ho va fer a Suïssa i Carlos Gardel a França. Resulta, sempre i novament, l’anada i tornada d’Europa a Amèrica, i viceversa, com a font d’inspiració de fenòmens universals. Els il.lustrats i conqueridors, es barregen amb els indígenes i els artistes, des dels temps pretèrits de l’Inca Garcilaso, al Perú. El món aquí és més global i real que arreu. Segueixo pensant: Marguerite Duras neix i viu divuit anys a Vietnam (alguna cosa voldrà significar aquest destí de la vida!); Albert Camus seria tan argelí com Zinedine Zidane és francès avui dia; Maurice Ravel escriví la Rapsodia Espanyola; i, Berlioz i Bizet es varen trobar amb Carmen. Doncs aquest món de Sao Paulo o de Mèxic D.F., cada vegada més el de París, Londres i Barcelona, és el món que ens espera. La globalització és la universalització de totes les tendències i influències a tots els nivells, però el més important és l’humà, el personal i el civilitzatori, que és el planetari.
Lula Da Silva aquell any de la meva visita al Brasil va voler fer un míting multitudinari davant dels joves i revolucionaris campistes de la capital de Rio Grande do Sul, al mateix temps que dies després volgué estar present com a cap d’una gran nació a la trobada dels vips de Davos. En ambdues tribunes Lula va repetir que Davos necessitava escoltar amb més atenció a Porto Alegre. De la mateixa manera, ell sabia que havia d’endegar el Programa Fome Zero, per portar aliments bàsics als racons més pobres del territori del seu govern, tot pactant amb multinacionals, altres vegades menys piadoses com pot ser la mateixa Nestlé. Això vol dir que la complexitat és tal que només ens queda assumir un realisme essencialista a partir de l’anàlisi des del qual podem crear estratègies comunes per apaivagar els efectes perversos del creixement de la maquinària capitalista uniformadora. “Els rics cada vegada més rics, i els pobres cada vegada més pobres”, fa que a aquests últims no els hàgim de poder deixar defallir per definició aritmètica.
D’altra banda, el Japatown de Sao Paulo em torna a venir a la memòria com a exemple d’allò que no es pot aturar, com és la mateixa definició multiètnica i multicultural del Brasil. També, en el bo i en el dolent, hem d’acceptar que la model Gisele Buendchen es tan brasileira com Pelé, sense assemblar-se pas gaire. El país que va arribar a governar Jascelino Kubitschek, exil.lat txec, resident a Minais Gerais, fundador de Brasília, la capital artificial per excel.lència, és pobre i ric a la vegada, al mateix temps que la seva pluralitat és tan oberta i gegant que no es pot deixar d’acceptar sense matisos, ni positius ni negatius.
El món és Davos i és Porto Alegre, com és Buendchen i Pelé, com és un gratacel amb heliport i una favela sense aigua potable. N’hem de ser conscients, hem d’obrir més encara els ulls, ampliar els horitzons dels nostres pensaments i possibilitar polítiques de reforma estructural sense vessar ni una gota de sang ni cap llàgrima de dolor. Dificilment comprensible, difícilment habitable, bojament encarrilat, però som vius i existim a la fi (els que podem), llavors ens toca viure-hi... de la millor manera possible, èticament parlant, és clar, i, sobretot pel que respecta a la dignitat que ens fa certament lliures. Sense deixar-ho estar, sempre críticament, i sense anar cap endarrera del que és provocat per la pròpia naturalesa de les coses.
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